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  • Agencias

Ecuador vivía una situación de vacío de poder con su presidente Rafael Correa, del que no se tienen noticias desde hace varias horas, cercado en un hospital por policías rebeldes, que previamente lo habían agredido con bombas lacrimógenas.

Correa afirmó en declaraciones a una radio que su vida corría peligro y que los policías sublevados estaban intentando ingresar a la habitación donde se encontraba. El principal aliado de Correa, el presidente venezolano Hugo Chávez, afirmó que el presidente ecuatoriano está secuestrado, después de haber hablado con él cuatro veces.

En las calles de Quito no había rastro de soldados, horas después de que el ministro de Seguridad, Miguel Carvajal, anunciase el estado de excepción y encomendase a los militares el control de la seguridad: "las Fuerzas Armadas tienen la instrucción de salir a controlar el orden público respetando y garantizando los derechos de los ciudadanos". "Tengo fe en que los militares no se presten a un golpe de Estado, a que sea agredido o asesinado el presidente, masacrado el pueblo o derrocado un gobierno democrático, progresista, pacífico, humanista", sostuvo Chávez.

Aprueban ley que retira beneficios a efectivos policiales
El aeropuerto de Quito fue cerrado por militares de la Fuerza Aérea que se plegaron a la rebelión mientras que en el de Guayaquil los pasajeros ingresaban al país sin control de migraciones ni de aduanas, y varios cuarteles policiales de Quito, Guayaquil y Cuenca fueron tomados por los amotinados.

En el principal destacamento de Quito los policías lanzaban arengas exigiendo derogar la norma que eliminó disposiciones que reconocían el pago de bonificaciones, comisiones o estímulos económicos por el cumplimiento de años de servicio. "La tropa unida jamás será vencida", gritaban al unísono los agentes, algunos de los cuales llamaron a los militares a unirse a la manifestación y quemaron neumáticos.

Correa ofrece su pecho a los agentes
Correa acudió inmediatamente al principal regimiento policial de Quito para desafiar a los sublevados. "Señores si quieren matar al presidente, aquí está, mátenlo si les da la gana, mátenlo si tienen poder, mátenlo si tienen valor en vez de estar en la muchedumbre cobardemente escondidos", exclamó Correa al realizar un gesto dramático: se aflojó la corbata y se desabotonó el cuello de la camisa.

Los sublevados atacaron al mandatario y su comitiva a la salida del cuartel con gases lacrimógenos, quien tuvo que ser ingresado en camilla en un hospital policial aledaño. Cientos de agentes, de civil y en uniforme cercaron el hospital e impedían la salida del presidente y gritaban consignas contra el gobierno. "Correa, a la Policía se respeta" y "Abajo este gobierno asesino de Correa", coreaban algunos policías rebeldes a través de un megáfono.

Correa no da señales de vida desde las 17H00 GMT, cuando habló por teléfono a la televisión pública denunciando que estaban tratando de penetrar en la habitación del hospital en el que se refugió. Poco antes, el vicepresidente Lenín Moreno denunciaba que "un grupo de inadaptados ha intentado secuestrar al presidente de la República".

Los partidarios de Correa intentaron llegar al hospital, convocados por el canciller Ricardo Patiño y el vicepresidente Lenin Moreno, pero fueron reprimidos con gases lacrimógenos por decenas de policías sublevados que se desplazaban en parejas en unas 30 motocicletas. "Vayamos juntos a rescatar al presidente, que está en el hospital de la Policía (en el norte de Quito)", expresó el ministro en una arenga desde el Palacio de Carondelet, sede del Ejecutivo, ante cientos de seguidores que se concentraron en la plaza de la Independencia.

"Sublevación incapetable"
Patiño tildó las protestas de "sublevación": "Esto es una movilización, un acto de sublevación absolutamente inaceptable (...) es importante decir que el pueblo no está de acuerdo con esto, el pueblo está con su gobierno". "Hay sectores golpistas que anteriormente han dado golpes de Estado y que entendemos que han estado preparando las condiciones para esto", afirmó, sin ofrecer más detalles.

El jefe de las Fuerzas Armadas, general Ernesto González, expresó su apoyo al gobernante. "Nosotros estamos en un estado de derecho, estamos subordinados a la máxima autoridad que es el señor presidente de la República", manifestó el máximo comandante militar en rueda de prensa en Cuenca. "Vamos a tomar las medidas que correspondan, las que determine el gobierno nacional" para restablecer el orden, añadió.

Posibilidad de disolver el Congreso
La ley de servicio público que originó el conflicto también provocó una crisis entre Correa y su bloque legislativo, que el miércoles rechazó algunos artículos de la iniciativa, que prevén reducir la nómina estatal. Debido a ello, el mandatario considera la posibilidad de disolver el Congreso y llamar a elecciones generales anticipadas, señaló la noche del miércoles la ministra de la Política, Doris Solis.

Tras una reunión con Correa, la funcionaria indicó que éste analiza ir a la "muerte cruzada", un mecanismo constitucional que lo faculta para disolver la Asamblea y convocar a elecciones generales en caso de que los congresistas obstruyan la ejecución del plan de desarrollo, grave crisis política o conmoción interna.