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  • Agencias

Ecuador pareció recobrar la calma tras la rebelión de policías que dejó cuatro muertos y 193 heridos, y que lo mantuvo en vilo a raíz del secuestro y posterior rescate militar del presidente Rafael Correa, quien estuvo retenido varias horas por sublevados en un hospital. El país, que por orden del gobierno cumplía tres días de duelo, está bajo el estado de excepción que faculta a los militares a patrullar las calles, mientras se aguarda una reunión de cancilleres de la Unasur en Quito.

"Hay calma en el país y calma en los cuarteles de Policía", declaró a la prensa el ministro de Interior, Gustavo Jalkh, y agregó que la institución retomó sus actividades. "Eso es lo que tiene que hacer, y con ese trabajo reconciliarse con la sociedad y el país al cual se debe", señaló el funcionario después de la insubordinación, en la cual participaron unos 600 policías -según el gobierno- y 2.300, de acuerdo con una fuente cercana a la protesta.

Correa asegura "que no habrá perdón ni olvido"
Desde la mañana, Correa cumplía actividades en su despacho luego del operativo de soldados para ser liberado en medio de un fuerte cruce de balas con policías insubordinados por una ley que aseguran limitará sus ingresos. A raíz de la sublevación, Correa denunció que su gobierno enfrentó un intento de golpe de Estado de la oposición y sectores de las Fuerzas Armadas y la Policía cercanos al ex mandatario Lucio Gutiérrez, un coronel retirado del Ejército derrocado en abril de 2005.

El mandatario anunció que destituirá a los policías que lo secuestraron y que no derogará una ley que motivó el amotinamiento. Estos "supuestos policías nacionales avergüenzan a la institución policial, tendrán que salir de las filas policiales", sostuvo Correa anoche en un discurso ante miles de simpatizantes. "Fueron unos cuantos que serán sancionados, no habrá perdón ni olvido y por supuesto la ley no será derogada. Con nosotros por el diálogo todo, por la fuerza nada", remarcó.

El mandatario peruano, Alan García, manifestó hoy que su homólogo ecuatoriano "ha quedado vacunado" contra los golpes de Estado y enfatizó que "la democracia y el gobierno elegido por el pueblo han salido incólumes y fortalecidos en Ecuador". Entretanto, el presidente de la UE, el belga Herman Van Rompuy, expresó que le "tranquiliza ver que se ha restablecido la calma y el orden institucional en Ecuador".

Piden a los medios transmitir serenidad
Esta mañana, el presidente de la Asamblea Nacional de Ecuador, Fernando Cordero, subrayó desde Zaragoza que el presidente Rafael Correa "está muy bien" y que su país ha recuperado "la paz". En declaraciones a la prensa tras mantener una conversación telefónica con Correa, el presidente de la Asamblea Nacional ecuatoriana manifestó que el jefe de Estado de su país estuvo ayer "a punto de morir", aunque seguramente su intención y su espontaneidad fue lo que le salvó. Correa cambió el "guión" cuando "seguramente el ataúd estaba comprado", relató Cordero.

Lo más importante ahora, advirtió, es descubrir quiénes fueron los autores intelectuales de unos hechos "planificados" y en los que no hubo "nada espontáneo", subrayó. Pidió a los medios de comunicación que transmitieran "serenidad" a los ecuatorianos, porque el país está "en paz". "Ojalá esto sea para siempre" y que la conspiración "haya sido derrotada del todo", agregó.

"Creo que les dimos un buen golpe", destacó Cordero, a la vez que confió en la capacidad de la Fiscalía de Ecuador para hacer una investigación "suficientemente serena, pero suficientemente radical también", para dar con los cómplices. "Los propios policías nos podrán contar. Ya lo han empezado a hacer", señaló Cordero, quien insistió en que la Policía estaba desinformada y fue "usada".

Los soldados armados con fusiles montaron un nutrido cerco alrededor del Palacio de Carondelet, en el centro colonial, e impedían el ingreso incluso de simpatizantes de Correa, que con banderas del movimiento oficialista Alianza País intentaban aproximarse para expresar su apoyo al mandatario socialista. "Nadie puede pasar por orden superior", expresó un militar a un grupo de partidarios mientras otros requerían credenciales a los periodistas para permitirles el acceso.

Respaldo internacional
Correa, en el poder desde enero de 2007, recibió ayer el respaldo de la comunidad internacional, incluyendo a la ONU y la OEA, además de Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y gobiernos latinoamericanos. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) condenó la sublevación en una cumbre convocada de urgencia en Buenos Aires, expresando "la necesidad de que los responsables de la asonada golpista sean juzgados y condenados".

El mandatario socialista enfrentó la mayor crisis política en casi cuatro años de gobierno, a raíz del descontento de policías con una ley que aseguran les recorta los beneficios económicos. Además de la reunión de cancilleres del bloque sudamericano en Quito, se espera la llegada del secretario de la OEA, José Miguel Insulza.

Colombia y Perú reabrieron sus fronteras con Ecuador, que fueron cerradas ante la sublevación. En el caso colombiano, la medida respondió a "un rechazo a una situación que no puede pasar ni en Ecuador ni en cualquier país", apuntó la canciller María Angela Holguín.

Dimite jefe policial
El comandante general de la Policía, Freddy Martínez, renunció a su cargo, después de que el jefe de Estado fuese rescatado tras permanecer secuestrado casi un día entero por policías de tropa sublevados. Martínez manifestó en una rueda de prensa que sospecha que en las protestas de los policías hubo infiltrados externos. "Ayer fue un día lamentable, crítico, caótico. Hubo desorden por doquier, se irrespetó al comandante general, al ministro del Interior y, por si fuera poco, al presidente de la República. Los policías, que estamos llamados a mantener el orden y la tranquilidad ciudadana, ayer provocamos desorden", sostuvo.

Con el presidente "sano y salvo" en el palacio presidencial, "es el momento oportuno" para presentar la renuncia, agregó Martínez. "Un comandante irrespetado, maltratado, agredido por sus subalternos no puede quedarse al frente de ellos", subrayó, al tiempo de defender el derecho de la policía a presentar sus reclamaciones, aunque reconoció que "equivocaron el camino".

Protesta emprendida por una "minoría"
"Me temo que posiblemente hubo infiltración de gente interesada en desestabilizar a la Policía", afirmó para referirse a personas que con la cara cubierta se escondieron "en el anonimato, como lo hacen personas que están al margen de la ley."Yo presumo que no fueron policías", indicó. Aclaró que quienes protestaron fueron una minoría, pues en la institución hay 40.000 agentes, y destacó la profesionalidad de los policías del Grupo de Operaciones Especiales que, junto a fuerzas especiales del Ejército, rescataron a Correa del hospital. "Que mi salida sirva para que la gente que quería subvertir la tranquilidad de los policías no encuentre asidero en ese camino, simplemente para que las cosas vuelvan a su cauce normal y los policías salgamos a trabajar", afirmó.

La crisis se desató después de que cientos de policías de tropa protestaran por la eliminación de incentivos profesionales. Martínez pidió al gobierno "que se revise con acuciosidad la ley orgánica del Servidor Público, ley polémica que causó esta serie de desatinos, para que no se afecten los derechos de los policías" y destacó la peligrosidad de la labor de las fuerzas del orden.