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La Academia sueca ha concedido el premio Nobel de Fisiología y Medicina de este año a Robert G. Edwards, a quien puede considerarse el padre de cuatro millones de personas: las que han nacido en el mundo desde que en 1978 se llevó a cabo con éxito el primer embarazo conseguido a partir de un óvulo fecundado en un tubo de ensayo, lo que se conoce como fecundación in vitro, una técnica que aún encuentra resistencias.

Ayer mismo, el Vaticano censuró el premio. “Seleccionar a Edwars ha sido algo completamente fuera de lugar”, dijo el presidente de la Pontificia Academia para la Vida, monseñor Ignacio Carrasco de Paula.

“Sin Edwards no existirían congeladores en todo el mundo llenos de embriones que en el mejor de los casos van a ser trasladados a úteros pero lo más probable es que sean abandonados o mueran. De ese problema es responsable el recién premiado con el Nobel”, añadió.

Hace dos años, el papa Benedicto XVI sentó doctrina: “la fecundación extra corpórea infringe la barrera para la tutela de la dignidad humana”.

Una tarea difícil

Aunque ahora parece fácil (se hace una punción, se extrae el óvulo del ovario, se pone en contacto con el esperma, se espera a que se produzca la fecundación y el embrión se reimplanta a la mujer), los trabajos -que hicieron Robinson y el ginecólogo Patrick Steptoe- comenzaron en los cincuenta.

Steptoe falleció en 1988, por lo que no puede compartir el premio con Edwards porque no se da a título póstumo.

Ayer, el investigador no hizo declaraciones porque se encuentra mal de salud. “La familia está sobrecogida y encantada de que el profesor Edwards haya recibido el Nobel. El éxito de su investigación, a pesar de las múltiples oposiciones, ha cambiado la vida de millones de personas”, dijo un portavoz de su esposa.

Edwards nació en 1925 en Manchester (Inglaterra). Se licenció en Biología en 1955, con una tesis sobre el desarrollo embrionario de los ratones. Desde 1963, trabajó en Cambridge, donde fundó la Clínica Bourn Hall, el primer centro de fecundación in vitro del mundo, que abrió con Steptoe. Sigue en Cambridge, de cuya universidad es profesor emérito.

El gran éxito ocurrió en 1978. Lesley y John Brown fueron a su clínica, desesperados tras haber intentado durante ocho años tener un hijo. El 25 de julio nació Louise, la primera niña probeta del mundo, que ya es madre. El proceso tardó un poco en llegar a España.

La primera niña que nació gracias a este proceso fue Victoria Anna en 1984. El alumbramiento no fue sólo una victoria técnica (de ahí el nombre de la niña, compuesto junto con el Anna de la doctora Veiga que la trató en el Instituto Dexeus de Barcelona).

A la vez que se buscaba una solución para los problemas de infertilidad de las parejas (un 10% la sufre), hubo que emprender otra lucha contra quienes consideraban moralmente inaceptable el tratamiento. Por eso, Edwards tuvo que acudir a la financiación privada para sus trabajos.


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