• MINA SAN JOSÉ |
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Corren, juegan al fútbol y ríen con el payaso: los niños del campamento Esperanza han aguardado con aparente despreocupación la salida de los 33 mineros atrapados en San José, aunque la ausencia de un padre, un hermano o un abuelo les marcará.

"Ellos no lo dicen sino que a veces jugando o dibujando lo expresan", cuenta Margarita Guzmán, la maestra que se ocupa de la escuela improvisada cerca de la mina desde fines de septiembre. "El otro día, hicieron una mina muy linda, con el 'Plan C' (una de las tres excavadoras de los túneles para llegar a los mineros) en leggo. Decían, 'acá están los mineros, acá los van a sacar'. De esa manera, expresan su preocupación por lo que está pasando", agrega.

"Lo vivo mal", confiesa Javier Galleguillos, de 10 años, uno de los cuatro nietos de Mario Gómez, de 63 años, el más veterano y capataz de los mineros atrapados a 700 metros bajo tierra desde el 5 de agosto. "Cuando dieron la carta diciendo que todos estaban vivos, me puse a llorar", afirma, "pero siempre pensaba que iba a salir pronto y que todos los mineros estaban vivos". "Sueño con que mi abuelo y los demás mineros estén fuera", cuenta su hermano mayor, Nicolás, uno de los ocho alumnos de la escuela.

Un sueño que se hará realidad a partir de las 20H00 locales del martes (23H00 GMT), según las autoridades.

Durante toda la espera, este optimismo marcó a los casi 30 niños que dejaron su escuela y sus amigos para vivir en un campamento desde el accidente. "Siempre pensaron al rescate como algo positivo. No tienen el miedo de los grandes. No pensaban que pudiera haber una falla", explica Raúl Valencia, profesor de educación física.

Dos días después que una sonda hallara a los mineros con vida el 22 de agosto, Valencia, que se encontraba desempleado, dejó su casa de San Felipe (centro) "por un impulso" y viajó 700 km al norte para ocuparse de los niños. En la mitad del año escolar, que en Chile comienza en marzo, este profesor de educación física fue su maestro impartiéndoles clase en el comedor o donde pudiera.

Escuela prefabricada
Finalmente, el 27 de septiembre, el ministro de Educación, Joaquín Lavín; el alcalde de Copiapó, Maglio Cicardini; y la intendenta de Atacama, Ximena Matas Quilodrán, inauguraron bajo la mirada de decenas de periodistas una escuela prefabricada. "Para mí fue demasiado tarde y hubiese sido mucho mejor que hicieran algo de más bajo perfil, no todo ese circo y ese aprovechamiento político de eso", se lamentó la maestra Margarita Guzmán, quien tiene que ocuparse de los distintos niveles de enseñanza.

Paralelamente, un psicólogo visitó el campamento y realizó un taller la semana pasada. "Fue divertido. Había un palito y alrededor cartas. Le daba vuelta y se designaba alguien que tenía que sacar una carta. Tenía que contestar a preguntas personales.' Qué te enseñó tu papá o tu mamá?', ' Qué lugar te gusta a ti?'," cuenta Javier.

Para él, "lo más complicado fue dormir en carpa porque hace frío y los colchones se mojan en la noche" en el desierto. "Lo que más se extraña es la televisión y la playstation" agrega. "Voy a extrañar al payaso", confiesa su hermano Nicolás, refiriéndose a Rolly, un actor que se instaló en agosto con su nariz roja y un disfraz colorido para entretener a los niños.