• MINA SAN JOSÉ |
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  • AFP

El hospital de Copiapó renovó su fachada, tiene las camas prontas, las ventanas bloqueadas para impedir la luz, y los especialistas médicos en guardia para recibir desde hoy a los 33 mineros tras su rescate. "Ya todo está dispuesto en el hospital de Copiapó", detalló el ministro de Salud, Jaime Mañalich, en rueda de prensa desde la Mina San José, en el norte de Chile, donde quedaron enterrados los mineros el 5 de agosto.

Una vez que en la superficie, cada uno pasará unos minutos con sus familiares en la mina en unos módulos diseñados especialmente, y luego serán llevados en helicóptero al hospital regional de Copiapó, la capital de la región de Atacama, a 40 km del yacimiento.

"Está todo pronto desde hace tiempo. Todo funcionará en el segundo y tercer piso", contó un responsable del hospital. "El segundo piso está destinado a los que estén mejor tras el control médico previo en la mina. Allí hay 8 habitaciones con dos camas cada una, es decir que allí estarán unos 16 mineros que estén en buenas condiciones", añadió la fuente, que pidió el anonimato. El tercer piso estará destinado en cambio a los que presenten cuadros de salud más complicados. "Allí se ha instalado una Unidad de Tratamiento Intensivo", sostuvo la fuente.

Mañalich precisó que cada minero pasará un mínimo de dos días en el hospital, al que podrán ser visitados únicamente por "unos pocos amigos, familias o compadres de fútbol".

Atención en dermatología, oftalmología y odontología
El plan diseñado para el hospital regional situado en la ciudad minera de Copiapó, de unos 150.000 habitantes, incluye la guardia de varios especialistas médicos sobre todo en las áreas de dermatología, oftalmología y odontología. Estos son los problemas que los especialistas anticipan que tendrán los mineros tras pasar más de dos meses a oscuras, en una mina donde quedaron tras un derrumbe sepultados, en una especie de sauna con una temperatura promedio de 30 grados celsius y una humedad de 88%.

En ese sentido, el minero Johnny Barrios ha tenido un papel clave: por sus conocimientos médicos de primeros auxilios ha llevado un control general de la salud de sus colegas y los ha vacunado de tétanos y difteria, según contaron sus familiares. Aunque los posibles problemas no terminan dentro de la mina. Para atravesar los 622 m que los separan de la superficie, los mineros deberán subirse a una cápsula que pasará por un estrecho ducto de 66 cm, parados sin poder moverse y los ojos cubiertos con unas gafas especialmente diseñadas.

"Ellos tendrán que estar de pie durante mucho tiempo. Y por ello pueden tener problemas de irrigación sanguínea o náuseas", advirtió Jean Romagnoli, uno de los encargados del equipo médico. Para subir por este peculiar ascensor, Romagnoli señaló que los mineros han bajado "en promedio seis kilos desde que comenzaron a recibir alimentación controlada, sumado a ejercicios físicos para impulsar la sangre de muslos, glúteos y pantorrillas y ya iniciaron una dieta especial", explicó el experto.

Todo luce más hermoso
Alrededor del hospital ya está montada una verdadera vigilia de centenares de camarógrafos y periodistas. En sus alrededores, varios vecinos alquilan sus patios a los periodistas que libran una batalla encarnizada para obtener la mejor vista. "Están cobrando cada día más", señaló Irma Vásquez, propietaria del quiosco pegado al hospital, asombrada por el constante acecho de periodistas. Pero contenta también. Porque gracias a la hazaña de los mineros, "al hospital se le renovó la fachada y la calle está colorida", añadió. "Han hermoseado todo", comentó a su lado Jovita Herrera, supervisora de limpieza del hospital.