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El ex presidente sudafricano Nelson Mandela cuenta el precio que pagó su familia durante los largos años de cárcel que sufrió por su lucha contra el apartheid, en unas cartas escritas en prisión, en las que confiesa su entusiasmo, sus dudas, sus alegrías y su sufrimiento.

Su correspondencia, sus notas escritas al filo de los días y algunas conversaciones grabadas -compiladas por la Fundación Nelson Mandela- han sido publicadas en 22 países y en 20 idiomas, en una obra titulada "Conversaciones conmigo mismo". El libro cuenta con un prefacio de Barack Obama, en el que el presidente estadounidense saluda una vida que estuvo "en las antípodas del cinismo y del fatalismo que tan a menudo afligen a nuestro mundo".

La obra recorre el amor apasionado de Mandela por Winnie, su segunda esposa, la vida en Johannesburgo en los años 50, las tres décadas que pasó encarcelado, los años de la transición y, de 1994 a 1999, los que pasó al frente de un país que salía de medio siglo de apartheid.

"Las miserias que hemos cosechado en los últimos quince meses de prueba no están a punto de borrarse de mi alma", escribe en una carta a Winnie con fecha 1 de agosto de 1970. "Tengo la impresión de que todas las partes de mi cuerpo, carne, huesos, sangre y alma son sólo bilis, tan grande es mi impotencia para ayudarte en los momentos terribles que vives y que me amargan", agrega.

Además, los textos redactados hace muchos años por "Madiba" -actualmente con 92 años, y físicamente muy debilitado- contribuyen a aportar luz sobre una de las leyendas vivas del siglo 20, hoy considerado un ícono mundial de la reconciliación.

Este conjunto de documentos -seleccionadas por otros, pero que Mandela no ha retocado- ayudan también a comprender uno de sus períodos menos conocidos: el que precedió a sus 27 años de prisión (1962-1989), cuando Mandela era uno de los personajes centrales del Congreso Nacional Africano (ANC).

Pasión por Winnie Madikizela
El recuerdo de un viaje, poco antes de ser encarcelado, a Londres en 1962 -"era muy estimulante hallarse en Inglaterra, en la capital de lo que fue antaño el poderoso Imperio Británico"- demuestra la curiosidad sin límites de Mandela. Desde luego, su pasión por Winnie Madikizela, "valiente y determinada, que ama con todo su corazón a su pueblo", y con la que se casa en 1958, está presente en gran parte del libro. Sin embargo, pese a ser incitado a ello por sus editores, Mandela rehusa referirse a su separación con Winnie, producida poco después de su liberación.

Sus cartas desde la cárcel de Robben Island, donde pasó 18 de sus 27 años de prisión, relatan, más allá del combate político, el sufrimiento de un preso.

En una misiva a un amigo describe la importancia de las visitas que rompen "una monotonía frustrante", alimentada a diario por "los mismos rostros, los mismos diálogos, los mismos olores, los mismos muros que se elevan hacia el cielo". Sin embargo, escribe en sus notas: "Uno de los problemas que más me preocupaba cuando estaba en la cárcel era la falsa imagen que sin querer había proyectado en el mundo; se me consideraba como un santo". "Nunca lo fui, incluso si se refiere a la definición según la cual un santo es un pecador que trata de mejorarse", añade.

Mandela fue encarcelado por el régimen segregacionista de Pretoria. Cuatro años después de su liberación fue elegido primer presidente negro de Sudáfrica al terminar el apartheid.

En 1999 no quiso presentarse a un segundo mandato. Actualmente, Mandela sólo aparece en público en contadas ocasiones.