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  • Agencias

El pasado agosto su rostro dio la vuelta al mundo de la mano de la revista Time. Se trata de Bibi Aisha, una chica de 19 años cuyo marido le cortó la nariz y las orejas por haberse escapado de su casa, donde era una esclava.

Ahora, Bibi se presenta al público de Los Ángeles luciendo una apariencia muy natural, ya que le han colocado una prótesis como paso previo al tratamiento reconstructivo que la Fundación Grossman Burn le paga en California.

La historia de Bibi Aisha es relativamente común en Afganistán. Aisha con tan solo 12 años, fue entregada junto a su hermana de nueve a un guerrero talibán para saldar una “deuda de sangre”, después de que un tío de las muchachas asesinara a un familiar del líder religioso local.

Años después, el talibán hizo su esposa a Aisha, a quien la mantenía encerrada en un establo donde solo llegaba a violarla y darle comida en el mismo traste donde alimentaba las cabras.

Marido la utilizaba como esclava
Utilizaba a ella y a su hermana como esclavas y las azotadas frecuentemente para castigar el crimen de su tío. Desesperada por lo que le ocurría, Bibi decidió huir al sur del país, a Kandahar, con la ayuda de dos vecinas que, realmente, querían venderla a un burdel.

Una patrulla policial las descubrió y al final pasó cinco meses en la cárcel hasta que su marido dio con ella. La llevó de vuelta a casa y en cumplimiento de la orden de un juez talibán le cortó las orejas y la nariz.

Según la cultura pashtun cuando un marido es avergonzado por su esposa es como si perdiera la nariz, por lo que se impone un castigo recíproco. Aisha, una vez mutilada, fue abandonada para morir desangrada en el patio de una casa vacía. Unas personas dieron aviso a una organización humanitaria que se hizo presente al lugar. Fue atendida por unos trabajadores humanitarios estadounidenses  que la llevaron a un refugio para mujeres víctimas de la violencia, Woman for Afgan Woman, donde vivió los últimos meses y donde fue contactada por personal de la revista Times.

Abandona Kabul y se dirige a EU
Aisha abandono su refugio de Kabul rumbo a Estados Unidos para someterse a su operación de cirugía reconstructiva. La cirugía ha sido donada por el cirujano plástico y reconstructivo, Peter Grossman y el equipo del centro The Grossman Burn ubicado en el Hospital West Hills en Los Ángeles.

Poco a poco y con ayuda de un psicólogo Aisha volvió a hablar y a veces incluso sonreír, hasta que recibió la noticia de que iba a ser operada en Los Ángeles por medio de la fundación que sufraga los gastos.  Ahora le queda esperar la cirugía definitiva y, sobre todo, conseguir liberar a su hermana, que, con diez años, sigue en casa de la familia del marido, seguramente pagando por lo que hizo su tío y también la joven Bibi Aisha.

La historía de Aisha es solo una más entre otras muchas que demuestran que algunas sociedades no han evolucionado desde la edad media y que el machismo es una plaga universal que se sigue ensañando en las mujeres de todo el mundo.