•   COPIAPÓ  |
  •  |
  •  |
  • AFP

Todos los mineros que fueron rescatados el miércoles pasado tras haber pasado 69 días bajo tierra fueron dados de alta esta tarde del hospital de Copiapó donde eran revisados, salvo dos que fueron trasladados a otro centro asistencial para seguir tratamientos médicos menores.

"Ya fueron todos dados de alta excepto dos que fueron trasladados a las dependencias de la Asociación Chilena de Seguridad", señaló la médica Paola Neumann, directora regional de salud de la región de Atacama, en rueda de prensa. Eso significa que salieron 28 mineros hoy, pues tres salieron la víspera.

Neuman no reveló el nombre de los dos mineros trasladados, pero manifestó que su traslado era para seguir un tratamiento dental en un caso y un síndrome vertiginoso, que causa mareos, en el otro.

Rechazan acoso mediático
Mientras los mineros comenzaron a dejar el Hospital de Copiapó, hasta donde fueros trasladados tras su rescate el miércoles desde la mina San José, algunos de manera incógnita para evitar el acoso de la prensa. Un grupo lo hizo también en una caravana de vehículos en horas de la tarde.

Ayer, los mineros Juan Illanes, Carlos Mamani y Edison Peña salieron del hospital y regresaron a sus casas. Illanes, Mamani y Peña fueron los tres primeros de los 33 en salir del hospital, y al llegar a sus viviendas eran esperados por sus familias emocionadas, rodeadas de sus vecinos entusiasmados por la fama mundial de que actualmente gozan tras su mediatizado rescate, así como por un tropel de periodistas.

Un automóvil llevó a Illanes, de 52 años, y al boliviano Mamani, de 23 años, a sus hogares en la barriada Juan Pablo II, en la parte alta de la ciudad, uno de los sectores más precarios de Copiapó. En el trayecto a su casa, Illanes compartió su sueño para el futuro: "La verdad que me quiero ir a Miami", apuntó.

Apoyo desde afuera
Impresionado por el recibimiento agregó que todo lo ocurrido "nunca lo dimensioné". "El encierro fue terrible, lo peor fue estar abajo. Dos meses encerrado", relató. "Los primeros 17 días fueron una pesadilla. Luego todo cambió". "Poco a poco nos fuimos organizando, y sentíamos el apoyo de afuera. Ya cerca del final, lo único que queríamos era salir", contó poco antes de llegar a su vivienda.

Illanes, casado y con un hijo, emergió de la mina poco después de las dos de la mañana del miércoles tras Florencio Ávalos y Mario Sepúlveda. Ya en tono de reflexión afirmó: "Teníamos que pasar algo así para mostrar cómo trabajan los mineros".

Al llegar al hogar del boliviano Mamani, un puñado de familiares, compatriotas bolivianos y vecinos se encontraban ante su vivienda de barro y adobe, donde habían colocado un cartel que rezaba: "Bienvenido a nuestro humilde hogar", en un barrio donde hasta los niños aconsejan no acercarse por la noche por temor a las violaciones. Allí lo esperaban su hijita de un año y su esposa, que había preparado una cena típica de su país para una treintena de invitados.

Al llegar al frente de su hogar, Mamani permaneció paralizado ante la emoción y el caluroso recibimiento de su familia y vecinos. "Estoy bien, estoy bien", repitió. Los periodistas y las cámaras lo acosaban pero el minero boliviano no contestó y se abrió paso hacia su vivienda.

Mamani había ingresado a trabajar tan sólo cinco días antes del accidente a la mina, donde permaneció bajo tierra durante más de dos meses. Rodeados de flashes y periodistas a la entrada de su casa, una de su vecinas, Viviana Piña, destacó que los Mamani "son gente humilde, tranquila. No tenemos nada que decir de ellos". Otra vecina apuntó: "Son muy diferentes en su forma de ser, callados, más para adentro".

El tercero en salir fue Edison Peña, recibido por un mar de gente y un enjambre de periodistas en su casa. Cuando logró llegar a la puerta de su hogar dijo: "Estoy super sano, por eso soy uno de los tres primeros en salir". "La pasamos bien mal, yo creía que no iba a volver", aseveró. "Gracias por creer que estábamos vivos".

Fragmentos anecdóticos
Otros mineros han ido contando por fragmentos la experiencia que vivieron. "La comida se fue dando por porciones cortas, cosa que nos durara. El agua igual", señaló Richard Villarroel a medios locales.

Además del hambre, los angustiaba la falta de aire al interior del yacimiento. "Estaban desesperados, porque les faltaba el aire", relató Alberto Segovia, el padre de Darío, otro de los mineros sepultados. "Cuando sólo tenían 10 litros de agua mineral, para racionalizarla entre todos, comenzaron a beber agua contaminada que estaba en tambores y muchos comenzaron a tener dolor de estómago", agregó, tras hablar con su hijo.

Tras el apoteósico e impecable rescate de casi 22 horas que fue transmitido en vivo al mundo entero por varias cadenas de televisión, los 33 mineros convertidos en héroes nacionales intentan de a poco retomar su vida normal.