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La batalla sobre la reforma del sistema de jubilación en Francia entrará en una etapa decisiva con una nueva jornada de huelga el martes, en vísperas de la votación en el Senado, y el posible endurecimiento de los camioneros mientras se teme una escasez de combustible.

Después de una semana de movilización sin precedentes desde que comenzaron las protestas contra esta reforma que prevé dos años más de trabajo (jubilación parcial a los 62 años en lugar de 60 y total a los 67 años en lugar de 65), el movimiento llega a una fase fundamental.

Nicolas Sarkozy ha insistido en que el gobierno llevará a cabo esta reforma crucial y que no irá "más lejos en las concesiones". Por su parte, los sindicatos están decididos a aumentar la presión antes de que el Senado adopte el texto ya votado por los diputados. La cuestión fundamental consiste en saber si los más radicales pueden paralizar al país.

Pese a la continuación de la huelga en todas las refinerías y al asalto de los automovilistas a las estaciones de gasolina, el primer ministro francés aseguró el domingo en la noche que "no habrá escasez" de carburante. "No dejaré que bloqueen nuestro país", recalcó François Fillon, dirigiéndose a los huelguistas.

El "debate irá hasta su término en el Senado" y la reforma será "votada", insistió, estimando que "se han hecho muchos gestos" durante el examen parlamentario. El ministro del Interior, Brice Hortefeux, advirtió que las autoridades harán "despejar los depósitos" petroleros si es necesario.

Hoy el secretario francés de Transportes, Dominique Bussereau, afirmó que no había gasolinera alguna "sin combustible" y llamó a los automovilistas a no asustarse. Bussereau añadió que el principal aeropuerto de París, Roissy-Charles de Gaulle, está "perfectamente abastecido" de combustible. Tampoco hay problemas en Orly, el otro gran aeropuerto de la capital francesa, sostuvo.

Las organizaciones sindicales llamaron a intensificar las protestas en el estratégico sector del transporte. No obstante se anuncian acciones más duras por parte de los camioneros y los maquinistas de ferrocarriles, que podrían hacer el puente entre la jornada de huelgas y las manifestaciones del martes, cuando las perturbaciones se extenderán al tráfico aéreo. Estas acciones podrían incrementar la amenaza de una escasez de combustible. Actualmente, los aeropuertos de Niza (sudeste) y Nantes (noroeste) sufren dificultades, y los automovilistas invadieron las gasolineras el sábado.

Durante todo el fin de semana, los sindicatos y la oposición pidieron al gobierno que cambiara de posición. En el Senado, los opositores a la reforma continúan sus acciones, presentando numerosas enmiendas y pidiendo el uso de la palabra, de modo que la votación podría ser postergada una vez más.

Por su parte, el Ejecutivo apuesta a un debilitamiento de la movilización antes de la votación definitiva en el Parlamento, a fines de octubre. El gobierno espera también que se produzcan disensiones entre los sindicatos sobre la conducta a seguir después del voto de los senadores.