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“La pelota está en su campo”, le dijo el presidente Luiz Inácio Lula da Silva a su heredera, la mandataria electa Dilma Rousseff, en su primera reunión oficial para la transición, en la que definió algunas líneas de su gobierno como ampliar programas sociales al 100% de pobres y reducir las tasas de interés.

“La pelota está en su campo, doña Dilma. Monte su equipo que yo estaré en la gradería, con la camiseta de su club y aplaudiendo”, le dijo Lula.

El presidente dijo que no piensa interferir en el gobierno de su delfina, que apenas le dará consejo cuando ella se lo pida, y rechazó tajantemente ser volver a ser candidato en 2014.

“A rey muerto, rey puesto”, dijo el popular presidente que entregará la banda presidencial el primero de enero con una popularidad récord de más de 80%.

En la misma rueda de prensa a su lado, en el Palacio Presidencial en Brasilia, Rousseff dio muchas pistas de lo que pretende en su gobierno: un aumento significativo del salario mínimo, ampliación de la cobertura y los valores de los programas sociales, reducción de la deuda, además de una reducción de los altísimos intereses del país para que sean equivalentes a tasas internacionales.

Va a cumbre G20

La presidenta electa anunció que elevará el valor de los programas sociales y los llevará al “100%” de las familias necesitadas; también que espera un salario mínimo de 600 reales a final del próximo año (unos 352 dólares), de los actuales 510 reales, y que sus áreas prioritarias serán salud y seguridad pública.

Rousseff consideró posible reducir la deuda brasileña de 42 a 38% del PIB, lo que favorecería “una convergencia de la tasa de interés -una de las más altas del mundo- con las internacionales”, dijo al considerar los parámetros en los que basó el programa de infraestructuras del gobierno para los años 2011-2014.

La flamante presidenta de 62 años estrenará su presencia internacional acompañando la próxima semana a su padrino político Lula a la cumbre de líderes del G20 que reúne a grandes naciones industrializadas y en desarrollo.

Para esa reunión, Lula y Rousseff prometieron “pelear” frente a lo que consideraron una “guerra cambiaria” entre Estados Unidos y China, cuyas monedas se mantienen bajas, mientras que las de países emergentes como Brasil no paran de crecer.

En el ámbito diplomático, Rousseff indicó que pretende mantener la política de su antecesor de “diálogo constructivo con todos los países del mundo”, incluído Irán, aunque dejó claro que tendrá una posición de “intransigencia” con las violaciones de los derechos humanos.

La formación de su próximo gobierno ocupó los últimos días de la presidenta electa, ex todopoderosa ministra jefe de gabinete de Lula de 62 años, que tendrá que dar cabida a las aspiraciones de diez partidos aliados.

En tono simpático y casi informal con la prensa, Rousseff anunció que tomará un descanso hasta el domingo, en un lugar desconocido.

La presidenta asumirá en enero con una situación ideal: crecimiento del PIB de más del 7%, una sociedad satisfecha con avances sociales y amplia mayoría en el Parlamento.

Los desafíos son también enormes: las finanzas brasileñas necesitan de un ajuste en el gasto público, la moneda supervalorizada afecta a la exportación y la competitividad de la industria, la pobreza extrema suma más de 20 millones de brasileños y el país que acogerá la Copa del Mundo en 2014 y las Olimpiadas de 2016 necesita de grandes infraestructuras.