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  • AFP

El presidente Nicolas Sarkozy dio un giro a la derecha más dura con la remodelación de su gobierno, del que expulsó a ex personalidades de izquierda y a centristas, apoyo tradicional de los conservadores franceses, en previsión de las elecciones presidenciales de 2012.

Sarkozy aceleró durante el fin de semana un cambio de gobierno que había anunciado hace meses, tras la derrota de la gobernante Unión para un Movimiento Popular (UMP, derecha) en las elecciones regionales de marzo. La oposición de izquierda calificó este nuevo gabinete de "gobierno de continuidad", pero para los conservadores supone un ajuste hacia la derecha más dura en la perspectiva de los comicios de 2012 en los que Sarkozy aspirará seguramente a su reelección.

"Sarkozy abre hacia la derecha y enoja al centro" afirmaba hoy el diario francés Le Parisien, que coincidía con el matutino Liberation (izquierda) en señalar, no sin ironía, que el resultado de la remodelación es que en realidad "Fillon conserva a Sarkozy".

Sarkozy explicará mañana por televisión la composición del nuevo gobierno, una semana antes de la declaración de política general que el 24 de noviembre hará ante la Asamblea Nacional (cámara de Diputados) el primer ministro, que desde hace meses supera en popularidad al presidente francés, que sigue en su más bajo nivel desde 2007, en torno al 30%. El presidente hablará en directo por tres canales de televisión para detallar su "hoja de ruta" para los 18 meses que le quedan en la presidencia. Sin embargo, "para los franceses no ha cambiado nada", opinó el politólogo francés Roland Cayrol el diario Le Parisien.

Misma política hacia adelante
El nuevo gobierno puso fin a la participación de varias figuras emblemáticas de una política presentada como una voluntad de "apertura" al inicio del mandato de Sarkozy. Entre los que perdieron su silla figura el canciller Bernard Kouchner, que había sido ministro del presidente socialista François Mitterrand (1981-1995). Pero la purga afectó también a los centristas, con la salida principalmente de Jean Louis Borloo, ministro de Medio Ambiente y Energía, decepcionado aspirante a primer ministro que rechazó cualquier otra cartera.

Los nuevos tiempos se caracterizan por el regreso al poder del ex primer ministro Alain Juppé, figura vinculada al ex presidente Jacques Chirac (1995-2007) y al RPR, partido neogaullista, predecesor de la UMP.

"Pensaba que se necesitaba un gobierno de unidad. Tenemos un gobierno ajustado en torno a una base UMP, y diría RPR", sostuvo hoy Hervé Morin, hasta el domingo titular de Defensa, reemplazado por Juppé.

Debilitado por el escándalo político-fiscal en torno a la heredera del emporio L'Oreal, Liliane Bettencourt, sospechosa de fraude fiscal y financiación ilegal de partido político, el ministro de Trabajo, Eric Woerth, salió por la puerta chica. Contra viento y marea, Sarkozy mantuvo en el gobierno a Woerth hasta la aprobación legislativa, hace 15 días, de la polémica reforma del sistema de pensiones que aumentará de 60 a 62 años la edad mínima de la jubilación, un "símbolo" de la Francia socialista de los años 80.

"Los franceses esperaban con impaciencia un cambio político" pero "no han sido escuchados. El presidente mantuvo al primer ministro para llevar adelante la misma política", sostuvo la primera secretaria del Partido Socialista, Martine Aubry, que confió en que "verdadero cambio" tenga lugar en 2012.

Según una encuesta reciente, Fillon ganaría la segunda vuelta de la presidencial a Aubry por 51% contra 49% de los votos, pero ésta se impondría a Sarkozy por la misma diferencia.