Jorge Eduardo Arellano
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LA HABANA /AFP
La negativa de Fidel Castro a ser reelegido como presidente de Cuba, y la posible sucesión por su hermano Raúl mañana domingo, inician cambios en la cúpula del poder que van más allá de un reacomodo de figuras, para iniciar la transición generacional. Fidel, de 81 años y convaleciente de una grave crisis intestinal que lo afectó hace 19 meses, declinó el martes en un mensaje escrito seguir ejerciendo como presidente del Consejo de Estado (a su vez jefe de Gobierno) y Comandante en Jefe, cargos que ocupa desde 1976, cuando se instauró esa estructura de gobierno.

Pero el líder, que llegó al poder en 1959, nada dijo de su estratégico cargo de primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), “fuerza superior del Estado y la sociedad” --según la Constitución--, ni mencionó si, habilitado al ser diputado, aceptaría figurar sólo como miembro de Consejo de Estado, cuerpo colegiado de 31 miembros que será elegido el domingo. Todo parece indicar que Raúl, de 76 años, y un aval de 19 meses en el Gobierno provisional, puede ser el sucesor en la Presidencia, pues también cuenta con una “legitimidad histórica”, el apoyo de las Fuerzas Armadas (FAR) de la que es ministro desde 1959, y del PCC.