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  • AFP

La presidente electa de Brasil, Dilma Rousseff, terminó esta semana de conformar su gabinete, cuya integración confirma las previsiones de continuidad con el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, aunque tiene un perfil más político que técnico, según analistas.

La extensa lista de 38 nombres, entre ministros y secretarios con rango ministerial, incluye a ocho actuales funcionarios, como Guido Mantega (Hacienda) o Nelson Jobim (Defensa) y un puñado de nombres nuevos, pero en general el grupo no deja dudas: la marca es la de continuidad.

"Parece evidente que la presidente electa decidió no tocar ni cambiar aquello que está funcionando bien. Por ello, hay figuras que podemos llamar centrales en el gobierno de Lula que se mantendrán", señaló el analista André César, de la Consultora CAC. Además de Mantega, el especialista mencionó a Paulo Bernardo, quien hasta el 31 de diciembre es el ministro de Planificación de Lula aunque el 1 de enero pasará a ser el ministro de Comunicaciones.

Para César, "no queda duda que el gabinete montado por Rousseff lleva la marca de la continuidad. Aunque le añade una fuerte interlocución con el Poder Legislativo" con el nombramiento del ex ministro y ex diputado Antonio Palocci como Jefe de Gabinete. Palocci fue ministro de Hacienda de Lula, antes de Mantega, "y es muy respetado por los círculos económicos, por empresarios, y además tiene un diálogo extraordinario con el Congreso".

Grupo más político
Para Ricardo Sennes, analista de la consultora política Prospectiva, el gabinete de Rousseff "tiene la marca evidente de la continuidad" pero sin embargo la presidenta electa le añadió un toque personal: "es un grupo netamente político". Sennes destacó que, con la excepción de Anna de Hollanda (hermana del cantautor Chico Buarque), indicada al ministerio de Cultura, "los otros ministros centrales son políticos, inclusive varios que se encuentran cumpliendo mandato en el Congreso".

Para Sennes "no hay en el ministerio técnicos, en el sentido estricto, ni empresarios, ni artistas, como lo fue Gilberto Gil (ministro de Cultura de Lula). Creo que un gabinete con esa característica maximiza la alianza partidaria que llevó a Rousseff al poder". Como César, Sennes también destacó la capacidad de diálogo de ese gabinete con el Congreso. "No hay que olvidar que el vicepresidente electo, Michel Temer, es un legislador con mucha experiencia y fue dos veces presidente de la Cámara de Diputados. Es un articulador brillante", apuntó.

Para Sennes, "la presencia de Palocci, en su retorno al centro del poder, es interesante, porque además de ser clave en el montaje del gobierno debe servir como contrapunto a los sectores más nítidamente desarrollistas dentro del gobierno".

En los ministerios más relevantes, la permanencia de Mantega en Hacienda es la señal más evidente de la continuidad de la política económica, pero otros portafolios ofrecen un indicativo igualmente sólido. Además de Jobim y Bernardo, analistas mencionan la permanencia de Carlos Lupi en el Ministerio de Trabajo, y la continuidad de Orlando Silva en Deportes, después de una gestión en que el país conquistó el derecho de organizar la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

Fernando Haddad permanecerá al frente del Ministerio de Educación y Wagner Rossi en Agricultura. Inclusive el nombramiento de Antonio Patriota como ministro de Relaciones Exteriores, en el lugar de su mentor, Celso Amorim, es visto más como un cambio de nombre que de política, ya que las líneas centrales no deben sufrir modificaciones.

El gabinete de Rousseff será también el que tenga mayor presencia femenina en la historia del país: serán cinco ministras (inclusive la permanencia de Izabella Teixeira en Medio Ambiente) y cinco secretarias especiales con rango ministerial. Rousseff asumirá el poder el 1 de enero para substituir a Lula, quien dejará así el palacio presidencial con una popularidad récord, superior a 80%, tras 8 años de gobierno.