•   PUERTO PRÍNCIPE / AFP  |
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El cierre de un campo de refugiados en Puerto Príncipe generó temor, confusión y algo de esperanza entre las familias que allí residían, víctimas del terremoto de hace un año en Haití.

Las familias desalojadas se sentaron en el enlodado suelo de la Plaza St. Pierre, junto a pilas de ollas y atados de ropa. Decenas de sucias carpas levantadas en la plaza tras el sismo del 12 de enero de 2010 yacían a su lado dobladas.

Mientras preparaban su partida, los desalojados dijeron que habían sido avisados del desmantelamiento del campo con pocas horas de anticipación y que les habían prometido una compensación por familia equivalente a 500 dólares.

No obstante, los funcionarios no llegaron hasta la noche con el dinero, ocasionando gran ansiedad en estas personas desamparadas.

“Esta mañana nos dijeron que desmontáramos la carpa”, dijo Jelene Dorset, de 35 años, madre de ocho niños. “Nos prometieron dinero y hemos estado esperando desde entonces”.

Pese a que el dinero a la postre llegó, Dorset dijo que no sabía cuál sería su próximo paso: “No sabemos dónde vamos a pasar la noche”.

La iniciativa de las autoridades de la ciudad de desalojar la plaza busca reducir el número de personas que permanecen en los escuálidos y a menudo peligrosos campos de refugiados.

Naciones Unidas dice que unas 810.000 personas residen en los campos levantados en la zona del terremoto, que incluye la capital y las áreas más densamente pobladas de Haití.

Esa cifra implica un considerable descenso respecto del millón y medio de personas que se alojaban en esos campos hace seis meses.

Inicialmente, los campos dieron refugio de emergencia a la población afectada por el terremoto, que en pocos segundos mató a más de 220.000 personas y devastó a una ya precaria infraestructura.

No obstante, los campos también se convirtieron en semilleros de cólera, mientras que los delincuentes, particularmente violadores, atormentaron a sus indefensos habitantes.

Jacques-Eduard Thelusma, de 34 años, dijo que su “sueño” es escapar del campo de la Plaza St. Pierre, que consiste en carpas de plástico atiborradas en lo que solía ser un espacio público atractivo en el empinado barrio de Petionville.

Pero la forma en que se ve obligado a abandonar el lugar le provoca temor. “Nos tuvieron esperando por el dinero y no sabemos a dónde ir”, afirmó.

Thelusma, quien se expresó en inglés, francés, así como en la lengua local creole, dijo que había logrado algunos trabajos ocasionales el pasado año para ayudar a alimentar a su familia, que incluye un bebé que dormía junto a dos hermanitas.

Sin embargo, estimó que la compensación de 500 dólares era insuficiente para comenzar una nueva vida. “Apenas se puede alquilar una habitación con esa suma”, dijo.

La mayoría de las carpas levantadas en el parque permanecían en pie, pues al parecer las autoridades van cerrando un sector del campo por vez.

En el sector ya levantado, el terreno aparece cubierto de botellas de plástico vacías, harapos y otros desechos.

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