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Cuando el dictador Jean-Claude Duvalier cayó derrocado por un golpe militar en febrero de 1986, muchos de los jóvenes haitianos que el domingo por la noche celebraban su regreso a Puerto Príncipe, tras 25 años de ausencia, ni siquiera habían nacido. Su Gobierno, junto al de su padre, François Duvalier llevó a la muerte a unas 60,000 personas.

La voz de Daniel Dimanche estaba a unos dos decibelios por encima de la emoción: “Yo tenía sólo un año cuando Duvalier se fue de Haití, pero he escuchado tanto de él que he querido venir a verlo cara a cara. La gente dice que cuando él era presidente había más seguridad, más respeto hacia las personas, que la gente vivía mejor y que desde que se fue el país marcha muy mal”.

Daniel tiene ahora 26 años, los cumplió el pasado 12 de enero fecha que también se conmemoró por cumplirse un año del terremoto que desbarató la ciudad.

Vive en un campamento de refugiados de la avenida Juvenat, donde antes estaba su casa. Es fontanero y no tiene empleo, y ya no puede decir más, porque corre a abrirse paso entre decenas de jóvenes que, como él se aferran a las rejas del Hotel Caribe para ver al ex dictador pasearse por el lujoso lugar en donde se ha hospedado.

Jean-Claude Duvalier, Baby Doc, tiene ahora 59 años. Cuarenta más de los que tenía en 1971, cuando heredó el Gobierno dictatorial de su padre, François Duvalier, Papa Doc.

Pero el Duvalier que se asomó el domingo por los balcones del Hotel Caribe impecablemente vestido de azul aparenta tener más de 70 años. En su tiempo era conocido como el gobernante más joven de la historia haitiana.

“Otros también han robado y matado”

¿Acaso Jean-Claude Duvalier no mató a demasiadas personas? ¿No robó demasiado dinero? “Tal vez sí”, responde Dorlice Josué, de 45 años, que luego habla en su favor: “Pero (Jean-Bertrand) Aristide y (René) Préval y la Misión de Naciones Unidas han hecho lo mismo y de ellos no se dice nada”.

Las organizaciones defensoras de los Derechos Humanos están escandalizadas, no entienden cómo Duvalier no ha sido detenido tan pronto aterrizó el vuelo de Air France que el domingo por la noche lo llevó a Haití.

Amnistía Internacional emitió un comunicado ayer que decía: “Las sistemáticas y generalizadas violaciones de los derechos humanos cometidas en Haití durante el régimen de Duvalier representan crímenes contra la humanidad. Haití tiene la obligación de procesarle. (…). Las autoridades haitianas tienen que romper el ciclo de impunidad que prevaleció durante décadas en Haití”.

A Esilia Pierre --de 80 años y ahora habitante del campamento de la plaza de Saint Pierre de Petionville-- le importa bastante poco que se haga justicia a los muertos de las dictaduras de Papa Doc y de Baby Doc, que gobernaron entre 1957 y 1964, el primero; y 1971 y 1986, el segundo.

“A mí lo que me está matando es el hambre. Y si Baby Doc va a hacer algo por mí, pues que vuelva a Haití”, alega.

El mandato del actual presidente, René Préval expira el 7 de febrero, pero los haitianos aún no saben quién va a sucederle en el poder. Ni siquiera saben con certeza cuándo se realizarán las votaciones y quiénes se enfrentarán en la segunda vuelta electoral que, según lo previsto el año pasado, debía realizarse el 16 de enero: el mismo día que escogió para regresar Duvalier, quien según fuentes diplomáticas francesas, cuenta con un billete de vuelta a París para el día 20.

La Organización de Estados Americanos (OEA) ha desautorizado los resultados de la primera vuelta anunciados por el Consejo Electoral Provisional y ha pedido que el candidato oficialista y yerno de Préval, Jude Celestin, sea excluido de la siguiente elección. José Miguel Insulza, Secretario General de la OEA, ha venido a decírselo personalmente a Préval.
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