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  • EFE

El presidente egipcio Hosni Mubarak dimitió y entregó el poder al ejército, al término de 18 días de una rebelión popular, provocando una inmediata explosión de júbilo en la calles de El Cairo y reacciones de satisfacción de la comunidad internacional.

"Habida cuenta de las difíciles condiciones que atraviesa el país, el presidente Mohamed Hosni Mubarak decidió abandonar el puesto de presidente de la República y encargó al consejo supremo de las Fuerzas Armadas administrar los asuntos del país", anunció el vicepresidente Omar Suleimán en una breve intervención televisada.

"¡El pueblo ha hecho caer al régimen!", gritaba una multitud en la emblemática plaza Tahrir (de la Liberación) convertida en símbolo del movimiento de protesta iniciado el 25 de enero contra Mubarak, de 82 años, que llevaba tres décadas en el poder.

 

Los Hermanos Musulmanes, el más articulado de los grupos opositores egipcios, que se sumó tardíamente a las protestas, felicitaron al pueblo y al ejército egipcios.

 

Mubarak, que el jueves había delegado sus poderes al vicepresidente, había partido con toda su familia a Sharm el Sheij, ciudad balnearia a orillas del mar Rojo, antes de que se anunciase su dimisión.

 

El movimiento islamista palestino Hamas saludó el "inicio de la victoria de la revolución" egipcia, mientras un dirigente israelí deseó una "transición a la democracia sin sobresaltos".

Las autoridades de la República Islámica de Irán calificaron la caída de Mubarak de "gran victoria" de los egipcios.

El ejército egipcio se había comprometido por la mañana, antes de la renuncia de Mubarak, a garantizar la organización de "elecciones libres y transparentes según las enmiendas constitucionales decididas".

En el décimo octavo día de protestas, unas 200.000 personas volvieron a abarrotar la emblemática plaza Tahrir (de la Liberación), convertida en epicentro del movimiento y campamento improvisado de miles de egipcios determinado que vencieron en su empeño de hacer caer el régimen.

Las protestas desbordaron de este lugar para propagarse a numerosos puntos de la capital: la sede del Parlamento, el Palacio Presidencial, los locales de la radio-televisión pública. Entre 400.00 a 500.000 manifestantes se congregaron también en Alejandría (norte), segunda ciudad del país.

Un manifestante murió el viernes en un tiroteo entre manifestantes antigubernamentales y la policía en la localidad de Al Arish, en el Sinaí. Fue probablemente el último de las cerca de 300 víctimas mortales registradas desde el inicio de las protestas, según un balance de Naciones Unidas.

"¡Vete, vete!", había coreado la plaza durante la oración musulmana de mediodía, celebrada ante un predicador musulmán que no pudo contener las lágrimas. Según testigos, algunos soldados habían abandonado sus armas y uniformes para unirse a las manifestaciones.