•   LA PAZ / AFP  |
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El alza en los precios de los alimentos le está pasando factura al presidente boliviano Evo Morales, que enfrenta el descontento de los trabajadores, quienes están convocados a una huelga general para hoy viernes, mientras que analistas consideran que el Gobierno naufraga en sus políticas populistas.


La principal manifestación de ese malestar, es el llamado de la unitaria Central Obrera Boliviana (COB) a la huelga y a marchas callejeras en los nueve departamentos del país, sumándose de esa manera a protestas en varias ciudades.


Varios ministros se reunieron ayer jueves con dirigentes gremiales, incluyendo al secretario Ejecutivo de la COB, Pedro Montes, pero dicha reunión terminó sin acuerdos.


“El sector de la Central Obrera Boliviana interrumpió el diálogo y (sus dirigentes) abandonaron el escenario de la reunión”, informó el ministro de la Presidencia, Oscar Coca.


El miércoles el líder Montes calculó que la canasta familiar es de 8,309 bolivianos (USD 1,183) mensuales y que sobre esa base debe negociarse el salario mínimo en Bolivia, que actualmente es de 96 dólares al mes.


Morales desestimó ayer jueves esa demanda. “Cuando el planteamiento es de carácter irracional, descabellado (...) el pueblo no respalda”, dijo.
“Me causa risa cuando (algunos dirigentes) piden incremento de 40%, 60 ó 70%”, dijo en rueda de prensa en la Casa de Gobierno.


“El pueblo no come porcentajes”, dice Morales”
Montes le replicó un poco más tarde, señalándole que “el pueblo no come porcentajes y no es descabellado el pedido para el estómago de los bolivianos”.
En medio de crecientes pedidos de aumento salarial, el Presidente invitó a la COB a “formar una comisión para estudiar el tema de salarios, transparente: aquí está la plata del Estado, y no es la plata de Evo, responsablemente”.
El mandatario reiteró que el aumento salarial de 2011 estará por encima del 7% de la inflación anual del año pasado.


A fines de diciembre pasado el Gobierno anunció un alza de 83% en los combustibles, medida que debió retirar pocos días después tras una multitudinaria marcha de protesta convocada por la COB, pero esa medida desencadenó un proceso inflacionario y de escasez que no se detiene.

Régimen sin dirección

Según el politólogo y ex asambleísta Jorge Lazarte, la población comenzó a desconfiar del gobierno de Morales, que fue reelecto para un segundo período de cinco años en 2010 con un abrumador 64% de los votos.
En las actuales circunstancias “es difícil confiar en un Gobierno que toma una decisión que no es ni revolucionaria, ni es popular ni es antineoliberal”, dijo Lazarte.


Por su parte, el independiente Julio Alvarado señaló que “el mayor problema que tiene el Gobierno es que no ha podido cumplir con las expectativas del pueblo boliviano, porque ahora la población le está reclamando alimentos”.


Mientras la población forma largas filas para obtener azúcar a precios elevados hasta en 40%, la oposición y analistas cuestionan que Morales continúe dando prioridad a la entrega de campos deportivos o prometiendo proyectos como la instalación de un satélite propio.


Una de las críticas que hacen al Gobierno son las medidas populistas, chorreando dinero a través de bonos, ayudas o subvenciones.


“El gasto público continúa muy suelto de cuerpo y alma sin posibilidades políticas de ser frenado. Además, con los aumentos de los salarios que se avecinan, la presión del consumo seguirá firme y fuerte”, alertó el analista Gonzalo Chávez, docente de la Universidad Católica.


El clima de descontento se ha sentido a lo largo de los últimos días en varias ciudades. Ayer fue el segundo día de un paro de 72 horas del Transporte de la central ciudad de Cochabamba en demanda del aumento de 30% en los pasajes. Protestas similares se viven en Santa Cruz, Oruro y Potosí.