•   SANA / AFP  |
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Miles de personas iniciaron una sentada en Saná y varios miles de chiítas se manifestaron en Saada (norte) para exigir la caída del régimen yemení, amenazado por una ola de protestas que en una semana se cobró 12 vidas, incluyendo la de un manifestante ayer lunes en Adén, al tiempo que los ulemas condenaban la represión de las protestas.


Los manifestantes, entre los cuales había estudiantes, así como diputados de la oposición y militantes, se congregaron en una plaza frente a la Universidad de Saná, foco de la contestación en la capital, que bautizaron “Plaza Tahrir” (Plaza de la Libertad), en clara referencia a la sublevación en Egipto.


Esta sentada tuvo lugar un día después de la decisión de la oposición parlamentaria de unirse al movimiento de protesta contra el régimen, liderado hasta ahora fundamentalmente por estudiantes.


Las fuerzas de seguridad colocaron puestos de control en los accesos a la plaza, pero no trataron de dispersar a los manifestantes.


Asimismo, decenas de miles de chiítas participaron en Saada (norte), en una manifestación contra el régimen.


“Decenas de miles participaron en una marcha en Saada para pedir la caída del régimen convocados por (el jefe de la rebelión zaidita) Abdel Maelk al Huti y el Frente Común (la oposición parlamentaria)”, informó a la AFP uno de los organizadores de la manifestación.

Balas contra manifestantes
Las manifestaciones, que tienen lugar diariamente en Saná (también hubo en Adén y otras ciudades del país) desde hace unos diez días, fueron violentamente reprimidas por partidarios del gobierno armados con porras, piedras y armas blancas.


El domingo, por primera vez, los estudiantes que salían de la universidad para manifestar no fueron molestados por los partidarios del régimen debido al cordón policial.


En cambio, en Adén las fuerzas de seguridad continuaron disparando balas reales contra los manifestantes, causando un nuevo muerto ayer  lunes de madrugada, según fuentes médicas.


Este deceso lleva a 12 el número de manifestantes muertos desde el comienzo de las manifestaciones cotidianas, el 16 de febrero, que desembocaron en motines en la principal ciudad del sur de Yemen, según un balance establecido por la AFP.
El presidente yemení, Alí Abdalá Saleh, en el poder desde hace 32 años, declaró este lunes en una conferencia de prensa que no piensa renunciar y solo se irá “por medio de las urnas”, en un momento en que se intensifican las protestas contra él en su país.


“Me piden que me vaya, pero no me iré más que por medio de las urnas”, declaró el presidente a la prensa.


Por su parte, los ulemas (clérigos musulmanes) prohibieron usar la fuerza contra los manifestantes y condenaron los arrestos arbitrarios y la tortura, en un comunicado emitido el lunes tras una reunión de esos clérigos musulmanes mientras las rebeliones populares se propagan por el mundo árabe.


“Cualquier agresión contra los manifestantes es un crimen”, señalaron los ulemas sunitas y los zaiditas (rama del chiísmo predominante en el norte de Yemen), que también condenaron los ataques contra los miembros de las fuerzas de seguridad.