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SANA Y MANAMA / AFP

Dos manifestantes murieron, entre estudiantes que participaban en un mitin en la universidad de Saná para pedir la salida del presidente Alí Abdalá Saleh y 11 resultaron heridos, en un ataque armado ayer martes de partidarios del régimen, indicaron testigos en el lugar.
“Dos manifestantes murieron y 11 resultaron heridos cuando partidarios del régimen dispararon contra los manifestantes frente al campus de la universidad de Saná” en el noroeste de Saná, indicó a la AFP uno de los testigos.
El ataque ocurrió hacia medianoche y los manifestantes reaccionaron tratando de neutralizar a los atacantes con ayuda de la policía.
Son los primeros muertos en la capital yemenita en manifestaciones de protesta contra el presidente Saleh, en el poder desde hace 32 años.
Doce personas murieron en protestas similares en Aden (sur) hace diez días, según fuentes médicas, en un balance cuestionado por las autoridades, que hablan de sólo cuatro muertos.

Crece rechazo al gobierno de Bahrein
En tanto, decenas de miles de personas marcharon ayer martes por las calles de Manama en la protesta más multitudinaria en más de una semana de manifestaciones en Bahréin contra el régimen dirigido por la dinastía sunita de los Al Jalifa.
La avenida que une el Manama’s Bahrain Mall (un centro comercial) con la Plaza de la Perla (epicentro de las protestas contra el régimen) estaba abarrotada de gente a lo largo de más de tres kilómetros de recorrido.
Al final de esta jornada de movilización, que acabó sin incidentes, la oposición chiíta reiteró su exigencia de una monarquía constitucional, tras más de dos siglos de dinastía sunita.
“¡No al diálogo!”, gritaba la multitud instalada en la Plaza de la Perla, convertida en el centro de las protestas contra la monarquía sunita en Bahréin, un pequeño reino estratégico del Golfo que tiene 1,2 millones de habitantes y alberga la V Flota de Estados Unidos.
El lunes, el príncipe heredero Salman Ben Hamad Al Jalifa, encargado del diálogo con la oposición, se comprometió realizar “reformas reales” y el rey Hamad Ben Issa Al Jalifa ordenó la liberación de los prisioneros chiítas, una de las reivindicaciones de la oposición.
Sin embargo, los manifestantes de la Plaza de la Perla parecían dispuestos a rechazar la oferta de diálogo y continuaban exigiendo que el rey abandonase el poder.

230 años de injusticia
“Exigimos la caída del régimen”, “Basta de 230 años de injusticia. ¡Fuera!”, decían grandes banderolas colocadas en el medio de la plaza. Por primera vez, banderas negras chiítas ondeaban junto a las banderas rojas y blancas de Bahréin.
“Nuestras reivindicaciones se limitan actualmente a la partida de los Al Jalifa”, sostuvo Jafar Husein Atir, un estudiante de 18 años, quien dijo hablar en nombre de los jóvenes que lanzaron la revuelta el 14 de febrero.
“Antes pedíamos la partida del primer ministro. Ahora debe partir todo el régimen”, agregó, rodeado de cuatro jóvenes que dijeron compartir sus ideas.
Esta jornada de protesta fue dedicada a las víctimas de la violenta represión que dejó al menos siete muertos de las manifestaciones iniciadas el 14 de febrero.
La marcha estuvo controlada por voluntarios, ante la ausencia de las fuerzas de seguridad. Un helicóptero sobrevoló la zona de la manifestación.
Al subrayar su rechazo al diálogo, los manifestantes parecen querer ejercer presiones sobre los grupos opositores que discuten la respuesta a la oferta de diálogo del príncipe heredero.
Según un líder opositor, Ibrahim Sharif, los anuncios del régimen son “iniciativas de apertura y no reformas”. De acuerdo con Sharif, la familia real debe abandonar su control sobre el poder” y “toda reforma tiene que incluir garantías”.
La crisis bahreiní está siendo seguida con inquietud por su vecino Arabia Saudita, en cuyas provincias más orientales, ricas en petróleo, vive una importante comunidad chiíta.