•  |
  •  |

MÉXICO /AFP


El  tsunami provocado por el potente terremoto ayer viernes en Japón que dejó centenares de puertos, provocó alerta en toda la costa de América Latina, donde muchos habitantes esperaron angustiados su llegada a lo largo de la noche y la madrugada de este sábado.
Las primeras olas del tsunami llegaron a la costa de Ensenada (noroeste de México) con una altura de medio metro que podría crecer hasta los dos metros, dijo a la AFP el Centro de Investigación Científica de esa región.
“Ya ha llegado a Ensenada. Hemos registrado una subida muy suave del nivel del mar, de medio metro. Pero posiblemente las olas lleguen a alcanzar el metro de altura o dos”, explicó Modesto Ortiz, investigador del centro.
El gobierno de México decretó alerta en sus costas del Pacífico pero ha matizado que el fenómeno representa un “peligro moderado”.
Tras México, los países centroamericanos y luego los sudamericanos se aprestan a recibir el tsunami. El último punto que debía tocar es Puerto Williams, en el extremo sur de Chile, adonde debió llegar a eso de las doce de la noche, hora local.
A lo largo del continente se siguió con expectativa la situación de Hawai, donde el tsunami llegó a tierra con olas de entre 50 y 70 centímetros, según los primeros informes sin causar daños.

Reacciones de todos los matices
La reacción a la emergencia fue de todos los matices, desde la orden de evacuación de 300.000 personas y una declaratoria de estado de excepción en Ecuador, hasta un llamado a mantener las actividades normales de parte de las autoridades en Chile.
Los países centroamericanos declararon la alerta y comenzaron a monitorear el litoral Pacífico ante el riesgo de tsunami.
Honduras, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica y Panamá decretaron alertas, mientras que El Salvador emitió una “advertencia”.
En Centroamérica sólo Belice no tiene costa en el Pacífico, litoral mucho más poblado y desarrollado que el del Caribe.
En tanto las autoridades colombianas monitorean el oleaje en el Pacífico sin ordenar de momento evacuaciones en sus costas.
“Según cálculos de la Dirección Marítima, tendríamos frente a nuestras costas un oleaje de entre 50 y 70 cm de altura, lo que podría no implicar mayores problemas”, dijo anoche a la AFP Luz Amanda Pulido de la Dirección de Atención y Prevención de Desastres.
En Ecuador el presidente Rafael Correa declaró el estado de excepción hasta por 60 días “ante la amenaza inminente de tsunami que podría producirse en todo el cordón costanero y en la provincia (insular) de Galápagos”.
“Si no pasa nada, qué bueno, pero no podemos arriesgar media vida humana”, afirmó el gobernante, quien pidió “encarecidamente la cooperación” de los pobladores y advirtió que no aceptará “negligencias ni necedades”.
“Tenemos aproximadamente en el filo costero unas 300.000 personas habitando”, detalló por su parte la secretaria de Riesgos ecuatoriana, María Cornejo.
En Perú, que declaró la alerta, el presidente Alan García llamó a la calma y dijo que si llegaba la ola a Perú no sería de grandes dimensiones, no hay peligro enorme”.
Lima, única capital sudamericana sobre el Pacífico, se preparó con medidas como cerrar la ruta oceánica, que atraviesa la ciudad al borde del océano.
Chile lanzó una alerta preventiva de tsunami sobre todas sus costas, pero el propio presidente del país, Sebastián Piñera, llamó a los alumnos a ir a clases y a los adultos a asistir a sus trabajos de manera normal.
En cambio en Isla de Pascua, isla chilena a 3.500 km del litoral, estaba prevista una evacuación preventiva de sus 4.000 habitantes.
A fines de febrero de 2010, un sismo y un tsunami afectaron el centro-sur de Chile, dejando 555 muertos o desaparecidos.
La gran mayoría de mandatarios latinoamericanos expresaron su solidaridad con el gobierno japonés.