•   ENVIADA ESPECIAL, Niigata / EL PAÍS  |
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La tragedia que vive Japón desde el pasado viernes se agrava con el transcurso de las horas, conforme la alarma nuclear se extiende por el país. El primer ministro, Naoto Kan, se dirigió el domingo por televisión a la nación para hacer un dramático llamamiento a la unidad de sus 120 millones de ciudadanos.

El único país que ha sufrido dos explosiones atómicas -en Hiroshima y Nagasaki, en 1945- se aterrorizaba ante la amenaza de un accidente nuclear similar al ocurrido en Chernóbil en 1986.

La maldición atómica se extendía de una planta a otra y de una ciudad a otra de la devastada costa noreste. Durante la tarde se anunció que también había sido declarado el estado de emergencia en la central de Onagawa, aunque las autoridades japonesas comunicaron anoche al Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA) que los niveles de radiación habían vuelto a la normalidad.

También en Tokai
Entrada la madrugada de ayer, se paralizaba el sistema de refrigeración de la central de Tokai, situada sólo a 120 kilómetros al norte de Tokio. Esa planta ya sufrió un grave accidente en 1999.

‘La posibilidad de superar esta crisis está en cada uno de nosotros. Creo firmemente que lo conseguiremos si nos unimos’, dijo el primer ministro al informar a la población de que a partir de ayer se tomarán medidas muy drásticas que afectarán a todos, como cortes rotativos de la electricidad de tres horas de duración.

Kan aseguró que no hay otra alternativa porque el cierre de las dos centrales de Fukushima, el de Onagawa y el de Tokai ha frenado drásticamente la producción eléctrica.

Sin refrigeración, la temperatura en el interior de esos reactores ha seguido aumentando pese a estar parados. El Gobierno japonés considera posible que se esté fundiendo el núcleo de los reactores, pero su gran preocupación no es esa, sino evitar la rotura del sarcófago que contiene el reactor, como pasó en Chernóbil (Ucrania).

De ahí la decisión de refrigerar los reactores inyectándoles agua de mar, lo que facilita el enfriamiento, aunque ‘muy posiblemente’ los inutilice para siempre.

Tremendo impacto económico
Naoto Kan, cuya popularidad apenas llega al 20%, señaló que el terremoto y sus graves consecuencias se cebarán en la economía japonesa, que vive desde hace dos décadas en crisis permanente. Según el primer ministro, tendrá un costo de ocho puntos del PIB.

En Niigata, a 150 kilómetros al oeste de Fukushima, muchas personas se hacen eco de las críticas al Gobierno de los medios de comunicación, incluidos los grandes periódicos Ashahi y Yomiuri, por la escasez de información y la lentitud con que ha comenzado a explicar la gravedad de la crisis que amenaza el país.

Más de cinco millones de japoneses siguen sin electricidad desde el viernes y muchos de ellos también sin agua. Naoto Kan reconoció que ‘fue muy difícil’ adoptar la decisión, pero indicó que la única forma posible para que a todos vuelva a llegar la electricidad es el reparto.

Las consecuencias del terremoto parecen cada día más horrendas. Hasta el momento no se han contabilizado las víctimas mortales, pero algunas fuentes policiales citadas por la prensa japonesa señalan que podría haber más de 10.000 muertos.

Los daños económicos tampoco se han evaluado, pero hay grandes infraestructuras dañadas, cientos de miles de hogares anegados o desaparecidos y un sinfín de comercios e industrias destrozados.