•   TOKIO / AGENCIAS  |
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Japón luchaba ayer jueves por todos los medios para tratar de enfriar los reactores de la central nuclear de Fukushima, pero el pesimismo aumentaba en todo el mundo, desencadenando una fuga masiva de extranjeros de Tokio.

En tanto, expertos meteorólogos vaticinaron que los primeros isótopos radiactivos provenientes de la central nipona de Fukushima podrían llegar a la costa oeste de EU este viernes aunque en dosis inofensivas para la salud, informó Los Angeles Times.

Se estima que los primeros residuos tóxicos filtrados al aire en Fukushima estarían terminando de recorrer los 8.000 kilómetros de distancia que separan Japón del territorio continental estadounidense empujados por las corrientes de las altas capas de la atmósfera.

La Comisión Reguladora Nuclear, que supervisa el sector nuclear en EU, prevé que la radiactividad que podría llegar a las costas estadounidenses no tendría consecuencias para la salud, aunque reconocen que los niveles de radiación subirán con el paso de los días debido al empeoramiento de la situación de Fukushima.

Víctimas van subiendo    
Mientras, el balance oficial del sismo y del tsunami era, seis días después de la catástrofe, de 5.700 muertos confirmados y 9.500 desaparecidos. Sin embargo, sólo en la ciudad de Ishinomaki, la cantidad de desaparecidos se elevaría a 10.000 personas, según un responsable local.

El número de heridos es de 2.285, según este balance. Más de 88.000 viviendas y edificios fueron destruidos, total o parcialmente.

Las autoridades niponas tenían que hacer frente también a la creciente impaciencia de unos 500.000 damnificados, ante la escasez de agua potable y de víveres a pesar de una movilización sin precedentes de unos 80.000 soldados, policías y socorristas en el devastado noreste.

La mayor preocupación es la crisis nuclear, la más grave en el mundo desde la de Chernobyl, en 1986.

Helicópteros lanzan toneladas de agua
Por primera vez, cuatro helicópteros del ejército japonés lanzaron el jueves de mañana varias toneladas de agua sobre los reactores más dañados, sobre todo el tres. Cinco camiones cisternas entraron igualmente en acción al caer la noche.

Su objetivo era fundamentalmente llenar la piscina de combustible usado que fue dañada por una explosión e incendios.
El operador Tokyo Electric Power (Tepco) indicó que no podía determinar la cantidad de agua que entró en la piscina porque sus responsables no podían verla.

No obstante, la Agencia de Seguridad Nuclear indicó en la noche que estaba saliendo vapor de los edificios que habían sido regados, lo que significa que el agua cayó sobre puntos calientes, en las zonas problemáticas, como se deseaba. La misma operación se realizará  este viernes.

Peligro latente
Expertos extranjeros consideran que la piscina del reactor cuatro está ahora casi seca, lo que podría provocar niveles “extremadamente elevados” de radiaciones, según el presidente de la Autoridad Estadounidense de Regulación Nuclear (NRC), Gregory Jaczko.

La fusión de combustible podría provocar la emanación de partículas radiactivas provocando una catástrofe como la de Chernobyl, según expertos.

Los empleados del operador de Tepco, ayudados por bomberos y policías, querían tratar de alcanzar la piscina con la ayuda de un camión cisterna equipado con un cañón de agua. Pero, según la televisión pública NHK, no había podido ser debido al nivel elevado de radiación.

Tepco debe continuar trabajando este viernes para restablecer la corriente eléctrica de la central nuclear de Fukushima, lo que “permitiría activar las bombas para enfriar los reactores y llenar las piscinas”, según un portavoz.

Los sistemas de refrigeración fallaron el viernes luego de un sismo de magnitud 9, el más fuerte que haya conocido Japón, seguido de un tsunami que devastó la costa del noreste del país.

El presidente estadounidense, Barack Obama, propuso enviar más expertos nucleares a Japón, en una conversación telefónica con el primer ministro japonés, Naoto Kan. Francia también presentó una “oferta de cooperación masiva”.

El Instituto Francés de Radioprotección y Seguridad Nuclear (IRSN) afirmó el miércoles que las 48 horas siguientes serían cruciales.
Ante la amenaza de un accidente nuclear de gran magnitud, numerosas embajadas recomendaron a sus ciudadanos que se alejasen de la zona y que se replegasen hacia el sur, en la región de Osaka, o que partieran de Japón.

Gran Bretaña, Alemania, Suiza, Italia y Australia también aconsejaron a sus ciudadanos que partieran del norte y de la región de Tokio. Francia, Bélgica y Rusia enviarán aviones adicionales para evacuar a las personas que quieran partir de Japón.

Por su parte, China pidió a las autoridades niponas informaciones “puntuales y precisas” para calmar a una opinión pública preocupada por la eventual llegada al país de emisiones radiactivas.

Las autoridades japonesas fijaron por ahora un perímetro de seguridad de 30 km y el gobierno afirmó que las radiaciones más allá de la zona de exclusión de 20 km “no plantean un peligro inmediato para la salud”.

Por precaución, 10.000 personas de la prefectura de Fukushima serán sometidas a tests de radiactividad en 26 centros.

Mientras en el extranjero reina una inquietud rayana en el pánico, la población nipona, sobre todo en Tokio, se muestra sorprendentemente serena y disciplinada, en espera de nuevas instrucciones del gobierno.

Un intenso frío y grandes nevadas degradaron aún más las condiciones de vida y de trabajo para los 500.000 damnificados del sismo y del tsunami y los 80.000 socorristas movilizados en el noreste.

Por otra parte, un corte de energía eléctrica a gran escala podría afectar al este del país el jueves al anochecer si no se reduce el consumo, advirtió el ministro de Industria.

En el extranjero se organizaron numerosas manifestaciones de solidaridad con Japón. Perú, un país que recibió una gran inmigración nipona, declaró “duelo nacional” el viernes 18 de marzo “en solidaridad con el gobierno y el pueblo japonés”.

El yen alcanzó un nuevo récord desde la Segunda Guerra Mundial frente al dólar, y los inversores especulan sobre una eventual repatriación masiva de fondos por las compañías de seguros japonesas.