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  • AFP

Japón advirtió ayer domingo que el peligro de una catástrofe nuclear dista mucho de haber sido descartado en la central de Fukushima, donde se registraron escapes mucho más radiactivos que la víspera.


Una radiactividad muy elevada fue medida este domingo en una capa de agua que escapó del reactor dos de la central nuclear accidentada de Fukushima (noreste), por lo que se procedió a suspender las operaciones de bombeo y a evacuar al personal, anunció la agencia de prensa Jiji.


El nivel medido en el agua hallada en el subsuelo de la sala de la turbina situada detrás del reactor es de 1.000 milisieverts por hora, declaró a la AFP un portavoz del operador Tokyo Electric Power (Tepco).


Tras haber anunciado en un primer momento que esa cifra era “10 millones de veces más elevada” que la normal, Tepco convocó a una conferencia de prensa urgente para admitir que se había equivocado y explicó que el error se originó al confundir los elementos radiactivos analizados.


En cambio, Tepco confirmó el nivel de “1.000 milisieverts por hora”.
Esto significa que el combustible en el núcleo del reactor probablemente sufrió daños durante un comienzo de fusión que tuvo lugar justo después del sismo y del tsunami del 11 de marzo, agregó.

Barras de combustibles dañadas
“Hemos detectado en las muestras de agua tasas elevadas de cesio y de otras sustancias que generalmente no se encuentran en el agua del reactor. Existe una fuerte probabilidad de que las barras de combustible hayan sido dañadas”, advirtió.


“Ese nivel muy elevado de radiactividad es justo una prueba directa de que el corazón del reactor se ha fundido”, confirmó Olivier Isnard, experto del Instituto Francés de Radioprotección y de Seguridad Nuclear (IRSN).


“Pero el agua contaminada va a ser difícil de tratar, ya que no se la puede meter en camiones-cisternas, y mientras esté ahí el trabajo no puede reiniciarse”, advirtió.
Según él, el elevado nivel de radiactividad en el mar indica que el agua contaminada ha comenzado “a escaparse”.


Ya se detectaron niveles de radiactividad de varios centenares de milisieverts por hora alrededor de los reactores dañados de la central, obligando a una evacuación temporal del personal.


Unos 500 técnicos, bomberos y militares trabajan día y noche en Fukushima uno, para tratar de enfriar los reactores con cañones de agua, a la espera de que se pueda poner en marcha nuevamente el circuito de enfriamiento, dañado por el terremoto y el maremoto que devastaron la región el 11 de marzo, dejando al menos 10.668 muertos y 17.072 desaparecidos, según el último balance.


Durante casi dos semanas, las instalaciones accidentadas fueron regadas con agua de mar mediante cañones de agua y bombas eléctricas dirigidas por grúas gigantes. Debido a los riesgos de corrosión a causa de la sal, Tepco decidió utilizar de ahora en adelante agua dulce.


Sin embargo, estas operaciones se ven obstaculizadas incesantemente por incrementos de la radiactividad y dificultades técnicas, en un peligro permanente debido a las radiaciones ionizantes.