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El dirigente libio Muamar Kadhafi sufrió un duro golpe político con la deserción de su ministro de Relaciones Exteriores, Musa Kusa, aunque en el terreno sus tropas se mantienen en la zona este del país combatiendo a los rebeldes.

La OTAN asumió ayer jueves el mando de las operaciones en Libia tomando el relevo de la coalición internacional, que desde el 19 de marzo dirigía la intervención contra las fuerzas de Kadhafi, dijo el secretario general de la organización basada en Bruselas, Anders Fogh Rasmussen.

Según el diario The New York Times, agentes de la CIA fueron desplegados en Libia para contactar con los rebeldes, mientras que la cadena ABC afirmó que el presidente Barack Obama autorizó ayudar en secreto a los rebeldes.
En el plano político, el coronel Kadhafi sufrió un serio revés con la deserción de su canciller, Musa Kusa, una de las principales figuras del régimen, anunciada a su llegada el miércoles a Londres.

El jefe de la diplomacia británica, William Hague, dijo ayer jueves que la justicia británica no ha hecho ninguna “oferta de inmunidad” a Kusa.
“Su renuncia muestra que el régimen de Kadhafi, que ya ha visto varias deserciones importantes hacia la oposición está fragmentado, bajo presión y hundiéndose desde dentro”, afirmó Hague.

Kadhafi tiene los días contados
Un alto responsable estadounidense calificó la deserción del ministro de “muy importante”.

La renuncia de Musa Kusa es “una señal de que los días del régimen están contados”, declaró el ex ministro libio de Inmigración, Alí Errischi, en declaraciones al canal de televisión France-24.

“Siempre he dicho que los dirigentes libios son todos rehenes en Trípoli. Es increíble ver de qué manera Kusa logró escaparse. Kadhafi ya no cuenta con nadie. Ahora sólo quedan él y sus hijos”, dijo.