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  • AFP

El funeral de la última de las 12 víctimas mortales del asesino que abrió fuego contra estudiantes de una escuela primaria en Río de Janeiro tuvo lugar este sábado, mientras los brasileños siguen conociendo detalles macabros del ataque que conmocionó al país.


El cuerpo de Ana Carolina da Silva, de 13 años, fue incinerado este sábado en medio de gran congoja y emoción. Los otros 11 niños fallecidos fueron enterrados el viernes.


Fueron 66 los disparos que Wellington Menezes de Oliveira, un ex alumno de 23 años de la escuela primaria Tasso da Silveira de Realengo, al oeste de Río, efectuó contra los pequeños el jueves, cuando ingresó armado con dos revólveres al establecimiento educativo.


Según datos policiales divulgados este sábado por la prensa local, Menezes de Oliveira, que llevaba un cinturón con cargadores, recargó nueve veces su revólver calibre 38 antes de ser alcanzado por un disparo de un policía y suicidarse. Portaba además otro revólver calibre 32.


De acuerdo con el comisario Felipe Ettore, 62 casquillos de bala calibre 38 fueron encontrados en la escuela. El revólver 32 solo lo utilizó “al inicio del ataque”, en el que además de los 12 fallecidos resultaron 11 estudiantes heridos, tres de ellos de gravedad.


Menezes de Oliveira llevaba consigo seis accesorios conocidos como “speedloaders”, que permiten recargar rápidamente las armas.


Ettore reiteró que el hombre ingresó a dos aulas del segundo piso de la escuela en donde efectuó los disparos contra los alumnos. Precisó además que el atacante probablemente no recibió ningún entrenamiento previo para manipular armas.


“El revólver 38 es un arma fácil de manejar y no requiere ningún entrenamiento especial”, señaló el oficial.
Dos videos -uno del circuito interno de cámaras de la escuela y otro de un testigo subido al sitio YouTube- muestra escenas de pánico en las que se ve a los adolescentes intentado escapar de su atacante, corriendo desesperados por los pasillos de la escuela a la salida de la primera sala a la que entró el asesino, y huyendo del lugar por la puerta principal del recinto.


El viernes fueron detenidos dos sospechosos de haberle vendido las armas al atacante.
La policía solicitó que se levante el secreto telefónico de Menezes de Oliveira para acceder a su cuenta, e intentará recuperar también datos de su computadora, encontrada parcialmente quemada en su casa, en donde los muebles estaban a su vez destruidos.


Una hermana adoptiva del asesino -quien también era adoptado-, dijo al diario Estado de Sao Paulo que Wellington Menezes de Oliveira era esquizofrénico y tomaba medicamentos desde la edad de siete años, pero señaló que a los 14 había dejado de medicarse.
“Luego se volvió todavía más raro”, sostuvo, destacando que “la madre biológica de Wellingto tenía problemas mentales”.


La preocupación de la familia de Menezes de Oliveira aumentó cuando su madre adoptiva descubrió que leía manuales de fabricación de explosivos y sobre armas.
Su estado empeoró, según allegados, al morir su padre hace cinco años y luego de que su madre adoptiva falleciera el año pasado. El atacante abandonó su hogar adoptivo hace unos ocho meses para reaparecer ahora en medio de la tragedia que provocó.
El cuerpo del asesino no fue reclamado por su familia y podría ser enterrado como indigente, explicaron las autoridades.