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  • AFP

El ex presidente marfileño Laurent Gbagbo fue detenido hoy tras una ofensiva generalizada de las fuerzas de su rival Alassane Ouattara, apoyadas por medios aéreos y blindados de las fuerzas francesas y de la misión de Naciones Unidas (ONUCI).

"Laurent Gbagbo fue detenido por las fuerzas republicanas de Costa de Marfil (FRCI, pro-Ouattara) y conducido al Hotel del Golf" donde se halla el cuartel general de Ouattara, dijo el embajador de Francia, Jean-Marc Simon.

Gbagbo, en el poder desde 2000, se hallaba en compañía de su esposa Simone, considerada como una "dura" del régimen, y de su hijo Michel, de un primer matrimonio, precisó Anne Ouloto, portavoz de Ouattara.

La televisión pro-Ouattara TCI difundió unas imágenes del ex jefe del Estado en buena salud, pero visiblemente fatigado. "Deseo que depongamos las armas y que entremos en la parte civil de la crisis, y que acabemos rápidamente para que el país se recupere", dijo Gbagbo en un breve extracto sonoro.

En esas imágenes, aparece sentado sobre una cama en una habitación, rodeado por, entre otros, el ministro del Interior de Ouattara, Hamed Bakayoko, y el comandante Issiaka Ouattara, uno de los jefes militares del bando pro-Ouattara. En otras imágenes, se puede ver a su esposa Simone, despeinada y aparentemente turbada.

La ONU anunció que la seguridad de Gbagbo estaba garantizada por miembros de la Misión de la ONU en Costa de Marfil (ONUCI) y que la mayoría de combates habían cesado, si bien quedaban "algunos grupos de resistencia". "La pesadilla ha terminado" para los marfileños, había declarado anteriormente al mismo canal de televisión Guillaume Soro, primer ministro de Ouattara, asegurando que Gbagbo y su esposa estaban "detenidos". Soro también instó a las fuerzas armadas leales a Gbagbo a unirse al nuevo jefe del Estado, prometiendo que no habrá "caza de brujas".

El presidente saliente está "con vida y bien" tras su detención y ahora será llevado ante la justicia, dijo por su lado el enviado de la ONU a ese país, Youssoufou Bamba, desde Nueva York.

El ministro francés de Interior, Claude Guéant, afirmó que Costa de Marfil podrá "conocer al fin la paz" tras el arresto de Gbagbo. Esta detención, que se produjo en el 12º día de la batalla de Abiyán, se produjo tras una nueva campaña de bombardeos de Francia y la ONUCI en la residencia donde se había atrincherado Gbagbo, y contra el armamento pesado de sus partidarios, de conformidad con la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU.

El presidente saliente no había reconocido la victoria electoral de su rival en noviembre pasado, pese a estar certificada por la comunidad internacional, y rehusaba rendirse tras cuatro meses de sangrienta crisis postelectoral.

Desde ayer por la tarde hasta primeras horas de la madrugada del lunes, la misión de la ONUCI y las fuerzas francesas dispararon misiles hacia el edificio donde estaba atrincherado Gbagbo y contra el palacio presidencial. Francia y la ONU siempre insistieron que su misión no era derrocar a Laurent Gbagbo.

Sin embargo, el ministro de Defensa francés, Gérard Longuet, reconoció este lunes en conferencia de prensa celebrada en París que "el objetivo (fijado) por la comunidad internacional era de hacer que el presidente electo pudiera presidir" y calificó de "apoyo" el compromiso de las fuerzas francesas de la ONUCI en la ofensiva de los pro-Ouattara.

Contrariamente a lo afirmado por los seguidores de Gbagbo, París negó cualquier implicación de sus fuerzas en la detención del ex presidente. Los aliados de Gbagbo acusaron también a Francia -- antigua potencia colonial -- de querer "asesinar" al presidente saliente.

Tras el arresto de Gbabgo, el presidente francés Nicolas Sarkozy mantuvo una larga conversación telefónica con Alassane Ouattara. "El presidente francés acaba de hablar largamente con el presidente Ouattara", indicó la presidencia francesa sin brindar precisiones sobre el contenido de la conversación telefónica.

Horas antes, las fuerzas de Gbagbo se habían enfrentado a las de Ouattara en Abiyán en combates con armas pesadas y livianas en el barrio de la residencia del presidente marfileño saliente, un bastión que hasta entonces resistía después de varios días de enfrentamientos.

Esta dura batalla ha llevado a la capital económica del país, con sus cuatro millones de habitantes, al borde de la catástrofe humanitaria, con barrios enteros entregados a la anarquía y en los que grupos armados, de los que se desconoce a quién apoyan, realizan pillajes.

También es difícil la situación en el interior del país, especialmente en el oeste, donde combatientes de ambos bandos fueron acusados por la ONU y por ONG de masacres, ejecuciones sumarias y violaciones.

Ouattara ha prometido perseguir a los responsables de estos hechos, aunque expertos afirman que el nuevo presidente deberá su ascensión al poder a esos jefes militares.