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  • EFE

A cuatro días de la muerte de cuatro hondureños aficionados al fútbol a causa de una avalancha en el Estadio Nacional de Tegucigalpa, nadie ha dado un paso al frente para asumir alguna responsabilidad por esa desgracia que ha enlutado al deporte más popular de Honduras.

El pasado día 28 el Estadio Nacional, repleto por unos 30.000 espectadores, estaba listo para una fiesta deportiva por el juego de vuelta de la final del torneo Clausura entre el Motagua y el Honduras Progreso, en un país donde el fútbol es sinónimo de pasión.

Pero la fiesta fue empañada por la muerte de cuatro aficionados, uno de ellos, Carlos Alfonso Torres, de 58 años, ligado al Motagua de Veteranos, quien fue sepultado en su municipio natal, Cedros, unos 70 kilómetros al noreste de Tegucigalpa.

A Carlos Alfonso la familia le cumplió una petición que siempre hizo: que cuando muriera sobre su ataúd le colocaran una camiseta azul del Motagua, porque era "el equipo de sus amores", relató el lunes su hermano Héctor Oswaldo durante el sepelio.

Hasta ahora ninguna autoridad encargada de la seguridad de los aficionados se ha responsabilizado por lo ocurrido en el Estadio Nacional, en el que las entradas para el partido se comenzaron a vender en las taquillas desde el viernes.

La Secretaría de Seguridad informó el mismo domingo, tras la tragedia, que hubo una venta masiva de boletos falsos y que al momento de la avalancha en el portón número 11 del estadio, la multitud de aficionados, con boleto en mano, querían ingresar a la fuerza porque faltaban pocos minutos para que comenzara el juego.

Según la versión oficial, la Policía Nacional también instaló seis anillos de seguridad para un control de los aficionados, lo que al parecer se hizo a medias porque dentro del estadio abundaron bengalas, sombrillas y otros objetos que no está permitido en las gradas ni en otras instalaciones como las de silla y palcos.

Entre los hondureños ha surgido la pregunta ¿por qué no se suspendió el partido si cuando inició ya se sabía de al menos dos muertos en el portón donde se produjo la avalancha?

La respuesta que se ha dado es que la Policía Nacional habría recomendado que no se suspendiera el partido porque podría desatarse una situación peor a la que acababa de ocurrir en el sector del portón 11, donde quedaron tirados dos de los fallecidos.

Los otros dos aficionados murieron en el Hospital Escuela Universitario.

El portavoz de la Liga Profesional de Fútbol, Gustavo Caballero, dijo cuando estaba por iniciar el juego que lo único que se podía hacer era declarar "un minuto de silencio", del que muchos jugadores y aficionados no se enteraron de su razón.

La mayoría de los aficionados no sabían qué pasaba porque en el estadio, debido a tantos teléfonos móviles, no había señal, por lo que no podían acceder a ninguna fuente de información.

La junta directiva del Motagua, que venció 3-0 al Honduras Progreso, ha respondido que no se sobrevendieron boletos y que ese extremo lo pueden demostrar ante cualquier autoridad.

El presidente del Motagua, Pedro Atala, dijo tras finalizar el partido que era lamentable la muerte de los cuatro aficionados, que no había "nada que celebrar", y ofreció ayudar en lo posible a las familias de las víctimas.

El Motagua también informó el mismo domingo que su personal había descubierto que se estaban vendiendo boletos falsos y que alertó de eso a la Policía Nacional, que por reglamento asumió el control del Estadio Nacional 48 horas antes del partido.

La Policía Nacional no ha dicho si procedió a investigar en el momento la denuncia del Motagua sobre los boletos falsos.

Acan-Efe conoció de al menos un médico que llegó con su boleto al sector de silla, que están todas enumeradas, pero no pudo sentarse porque la suya alguien la había ocupado.

Ahora han comenzado a trascender versiones extraoficiales de que el Estadio Nacional, que no mató a nadie, podría ser sancionado, y que el Motagua, fundado en 1928 y es el segundo de mayor afición, sería suspendido por dos años, lo que no aceptarían sus directivos.

Por ahora no sabe quién responderá por los muertos del 28 de mayo en el Estadio Nacional.

Quizá el caso quede en la impunidad como muchos otros de violencia en algunos estadios hondureños, entre barras de equipos, con saldo de fallecidos y lesionados.