•   San José, Costa Rica  |
  •  |
  •  |
  • EFE

A base de exabruptos, acusaciones muchas veces sin pruebas, e insultos soeces a todo aquel que se atreva a cuestionarle, Juan Diego Castro, ha conseguido encabezar las encuestas a la Presidencia de Costa Rica, al frente del Partido de Integración Nacional, en un nuevo episodio del auge del populismo más agresivo.

Diego Castro acusó ayer a los que definió como partidos "añejos", de ofrecer a los drogadictos marihuana y crack a cambio de sus votos en un vídeo distribuido por las redes sociales en el que explicitó que "estos despiadados les dan un celular a los adictos para que le tomen una foto a la papeleta a cambio de votos".

La polémica está servida, pero ese es el caldo de cultivo en el que navega con soltura Diego Castro, un abogado que tuvo que ofrecer recientemente disculpas a las mujeres tras acusar a las funcionarias de la Administración de Justicia, sin dar nombres ni pruebas, de practicar sexo oral a sus superiores para ascender en el escalafón.

Juan Diego Castro es un polémico candidato presidencial en Costa Rica. EFE/END

El candidato que "no conecta su lengua con su cerebro", en descripción de uno de sus adversarios en estos comicios (Antonio Álvarez Desanti, del Partido Liberación Nacional, PLN), bloquea en sus cuentas a quienes no comparten sus opiniones.

Además, tilda de "psicópatas" a los periodistas críticos y advierte que el periódico líder del país, "La Nación", durará un año si llega a la Presidencia, en lo que se ha interpretado como un claro ataque a la libertad de expresión.

Pero suscita cierta simpatía por su oferta de "mano dura" contra la delincuencia, en un país que ve con preocupación la creciente tasa de homicidios, algunos con tintes especialmente escabrosos -cuerpos mutilados, desmembrados y quemados- en parte por la actividad de narcotraficantes.

También encuentran eco sus proclamas contra la corrupción, una lacra que ha afectado a parte de la clase política, y singularmente al actual Gobierno, en una serie de escándalos sin precedentes.

El debate entre los candidatos a la presidencia en Costa Rica. EFE/END

En sus proclamas, ha llegado a arremeter contra el presidente del Tribunal Electoral, Luis Sobrado, en lo que algunos analistas han interpretado como un intento de coartar posibles investigaciones sobre hipotéticas irregularidades de su candidatura.

Al tiempo ha cuestionado en varias ocasiones la división de poderes, en declaraciones que han sido rechazadas como autoritarias por sus adversarios políticos.

Quedan por ver sin embargo los resultados de su calculada apuesta para revitalizar las explotaciones petrolíferas y la minería del oro, que contrastan con décadas de campaña de Costa Rica para vender una imagen de paraíso medioambiental, enormemente lucrativa para el sector turístico.

Para ello, no duda en tildar de "ecoterroristas" a los grupos ecologistas que cuestionan esas actividades por su impacto medioambiental.

Una actividad proselitista de Juan Diego Castro. EFE/END

Falta ver si el silencio electoral en sitios públicos impuesto desde hoy en todo el país y, desde el próximo jueves la prohibición de propaganda partidaria, así como la difusión de encuestas y sondeos de opinión merman la efectividad del mensaje del polémico candidato, uno de los 13 que se disputarán la Presidencia el domingo próximo, 4 de febrero.

Según el calendario electoral, el domingo era el último día para que los candidatos llevaran a cabo actividades públicas de campaña, mientras el miércoles se vencerá el plazo para emitir anuncios en medios de comunicación y para la publicación de encuestas.          

En los próximos días la mayoría de candidatos participará en debates en los principales medios de comunicación de televisión del país. 

Unos 3.3 millones de costarricenses están convocados a las urnas para elegir al presidente y los 57 diputados del Congreso para el periodo 2018-2022.

Las encuestas indican que hay altas probabilidades de que sea necesaria una segunda ronda el próximo 1 de abril, pero no hay dos claros favoritos para llegar a esa instancia, debido al estrecho margen entre cinco candidatos y por los indecisos que alcanzan cerca del 30% de los decididos a votar.