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Los candidatos a la segunda ronda de las elecciones presidenciales en Costa Rica pelean codo a codo por forjar alianzas con dirigentes y partidos que quedaron fuera del balotaje, en busca de impulsar sus opciones de cara a la votación del 1 de abril.

La elección enfrenta al predicador evangélico y exdiputado opositor Fabricio Alvarado (43 años), ganador de la primera ronda el 4 de febrero, y el exministro de Trabajo del oficialismo Carlos Alvarado (38 años).

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En las semanas transcurridas desde la primera ronda electoral, los dos candidatos han anunciado casi a diario alianzas con economistas, dirigentes políticos y profesionales de diferentes áreas que formarían parte de sus equipos de gobierno, en busca de conquistar a votantes que se inclinaron por candidatos distintos a los que llegaron al balotaje.

Candidatos a la presidencia de Costa Rica. Foto: Archivo/END

"Los dos candidatos tienen núcleos de apoyo consolidados, ahora tienen que tirar sus redes a otras aguas donde la pesca es más complicada, pero en ese río revuelto es donde podrían sacar la victoria", comentó a la AFP el analista político independiente Jorge Vega.

Una encuesta del Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica, publicada el 6 de marzo, apuntó un empate técnico entre los dos aspirantes, con 41% para Carlos Alvarado y 39% para Fabricio Alvarado.

Sin embargo, el director del CIEP, el politólogo Felipe Alpízar, considera que esos números podrían haber cambiado en las casi dos semanas transcurridas desde la publicación de la encuesta.

"Han pasado cosas en estas dos semanas que podrían influir en los votantes. En la primera ronda (electoral) la volatilidad era muy intensa. Para la segunda ronda hay menos volatilidad, pero el escenario está muy dinámico", dijo Alpízar a AFP.

"Estas alianzas pueden haber movido las cosas", acotó el director del CIEP, cuya encuesta reveló que 20% del electorado se mantiene indeciso sobre quién apoyar.

La próxima encuesta del CIEP está programada para ser publicada el 23 de marzo.

- Tiempo de acuerdos -

En la primera ronda electoral, Fabricio Alvarado, del minoritario partido Restauración Nacional (conservador) alcanzó 24,9% de los votos frente a 21,63% de Carlos Alvarado, del gobernante Partido Acción Ciudadana (PAC, centroizquierda).

Quedaron fuera del balotaje las dos fuerzas políticas más grandes y tradicionales del país: el Partido Liberación Nacional (PLN, socialdemócrata) y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC).

Fabricio Alvarado comenzó en la campaña para la primera vuelta con 3% de apoyo en las encuestas, pero se proyectó entre los votantes luego de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió en enero una opinión favorable al matrimonio homosexual.

Und día después, el candidato evangélico planteó la salida de Costa Rica de ese tribunal como represalia por su opinión, lo que lo catapultó como favorito en las encuestas al captar el voto conservador.

Sin embargo, su oposición al matrimonio homosexual se diluyó en la segunda ronda, al encontrar rechazo en otras tendencias políticas.

"Seguir agotando ese tema (matrimonio homosexual) solo serviría para hablarle a su mismo público, cuando los candidatos necesitan hablarle a otro público, a los indecisos, los que votaron por otros candidatos", comentó Vega.

Con ese tema al margen de la campaña, Fabricio Alvarado ha mostrado un mayor acercamiento a figuras del PLN, aunque ni ese partido ni su candidato en la primera ronda, el exdiputado Antonio Alvarez, se pronunciaron a favor de alguno de los aspirantes al balotaje.

Por el contrario, Carlos Alvarado se acercó al PUSC, firmó un acuerdo con su candidato a la primera ronda, el abogado Rodolfo Piza, e incorporó a su candidata a la vicepresidencia, la economista Edna Camacho, como jefa de su equipo económico.

Fabricio Alvarado comenzó en la campaña para la primera vuelta con 3% de apoyo en las encuestas. Foto: Archivo/END

Vega consideró que esas alianzas podrían ser la señal de una evolución en la política costarricense, que tradicionalmente ha estado dominada por dos fuerzas antagónicas sin buscar acuerdos entre sí.

"Podemos augurar que el sistema democrático está madurando hacia lograr alianzas entre partidos, emulando el modelo europeo donde los partidos se aglutinan en bloques y eso ayuda a la gobernabilidad", apuntó Vega.