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  • EFE

"El cuento de la criada", una protesta comandada por una decena de mujeres que ha tomado fuerza en Costa Rica en el marco de las elecciones, busca alzar la voz para luchar contra "la amenaza fundamentalista" y para defender los progresos sociales del país.

Con un vestido rojo y un sombrero blanco que solo les permite ver lo que hay frente a ellas, con la cabeza baja, mirando hacia el suelo y silenciadas, un grupo de mujeres costarricenses trata de exponer la censura, la desigualdad y la sumisión que algunos quieren para las mujeres.

Ellas forman parte del colectivo feminista "Somos Nuestras" y se inspiraron en el libro de la escritora canadiense Margaret Atwood, "El cuento de la criada" (1985), una crítica feroz a la sociedad totalitaria en el cual se recrea a Estados Unidos regido por un sistema religioso y machista.

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Según la misma autora, el traje rojo significa la sangre del alumbramiento, y las tocas que esconden los rostros de las "criadas" proceden de los trajes de la época media victoriana, de los hábitos de las monjas y del diseño de unos anuncios de detergente de los años cuarenta.

Atwood explica que muchos regímenes totalitarios han encontrado en la ropa, o la prohibición de algunas prendas, la manera de identificar y controlar a las mujeres.

Esta es la inspiración que tomaron una decena de mujeres feministas para levantar la voz en contra de la represión, de la incertidumbre que genera la campaña política en Costa Rica y la posibilidad de que un gobierno de "fundamentalismo religioso" llegue al poder en una de las democracias más consolidadas de América Latina.

/Fotografía tomada del sitio blogletraescarlata.

La profesora Alicia Coto, una de las activistas, explicó en entrevista con Acan-Efe que la lucha surgió a raíz de las actuales elecciones presidenciales del 2018, porque el rumbo que pueden tomar puede llegar a "lesionar todo lo avanzado en la independencia de las mujeres".

"En Costa Rica votamos apenas desde 1950 y las luchas han sido lentas, todavía nos falta avanzar y esto puede significar un claro retroceso de los progresos sociales, porque hay una represión hacia las mujeres que son modelos por su independencia, sus palabras y su lucha", afirmó Coto.

En la actual lucha por la Presidencia se encuentra el candidato del oficialista Partido Acción Ciudadana, el periodista Carlos Alvarado, quien disputará el próximo 1 de abril la segunda ronda electoral frente al aspirante del conservador Partido Restauración Nacional, el predicador evangélico Fabricio Alvarado. Dos candidatos con posiciones equidistantes en materia de derechos humanos.

Carlos Alvarado con un estilo más progresista apoya el matrimonio igualitario y los derechos familiares de la comunidad sexualmente diversa, mientras que en una postura ultraconservadora Fabricio Alvarado está rotundamente en contra y ha sentenciado que defenderá los derechos de la "familia tradicional".

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El candidato evangélico también ha anunciado la "transformación" del Instituto Nacional de las Mujeres en un Instituto de la Familia.

Durante la primera ronda, el pasado 4 de febrero varias de estas mujeres disfrazadas con el mismo característico traje asistieron a votar, como una forma de manifestación pacífica. Para las votaciones de este domingo en segunda ronda piensan hacer lo mismo, y otras 40 mujeres que comparten su ideología se unieron a la lucha y también se van a vestir como parte de la protesta.

"De repente ese concepto de defensa de la familia, que significa no a los derechos de los gais, de las mujeres y a temas como eutanasia, fertilización in vitro, tomó fuerza y la gente que no se sentía empoderada para poder visibilizar ese discurso ya no solamente lo podía decir de forma verbal, sino también mostrarlo en la urna, y eso es peligrosísimo en esta coyuntura", destacó la participante del colectivo Angélica León.

Estas "criadas" son una decena de mujeres, profesionales en medicina, mercadeo, diseño, educación comunicación, fotografía, politología, algunas se conocían, otras simplemente se unieron a la lucha por la defensa de los derechos de las mujeres y en contra de la proyección de odio contra grupos minoritarios.

Las mujeres no quieren que se llegue al extremo que narra el libro, en el cual la escritora imagina un mundo en el que Estados Unidos ha sufrido un golpe de Estado y en el que la democracia ha sido sustituida por una teocracia autoritaria en el que las mujeres sufren opresión y discriminación.