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  • EFE

El 13 de mayo de 1982, unos militares salvadoreños arrancaron de brazos de un hombre, al que luego decapitarían, a una niña llamada Elsy, a quien mantuvieron a la sombra de la desaparición forzada 12 años y que ahora reclama al Estado usar su nombre original y no el que le dieron sus captores.

Elsy Dubón apenas tenía 6 años cuando su familia y los pobladores del caserío Cerrón Grande, en el norte salvadoreño, comenzaron a huir del Ejército, embarcado en una estrategia de tierra para quitar a la guerrilla cualquier apoyo posible de la población civil.

Dubón relató a Efe que el asedio militar solo les permitía moverse de noche y únicamente comían tortilla de maíz con sal, ya que no podían prender fuego o caminar de día porque el Ejército "tenía helicópteros y con medio movimiento llegaban, lanzaban bombas y la gente moría".

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"Uno de tantos días, llegamos a un lugar que estaba espeso de caña y ahí descansamos. Estábamos durmiendo y en segundos nos rodeó la Fuerza Armada y comenzó a masacrar a toda la gente", recordó la mujer, quien forma parte de la organización social Pro-Búsqueda.

Explicó que su madre y hermanos pudieron escapar de la emboscada, pero ella y su padre, quien se detuvo a tratar de recoger la comida que les quedaba, se quedaron rezagados y perdieron de vista a los demás campesinos.

Con la niña en hombros, el padre trataba de guiarse por el rastro de maletas, cadáveres y niños abandonados, mientras las "balas se escuchaban una tras otra". Finalmente tuvieron que saltar a un barranco.

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Retomaron su camino, ambos llegaron a una bifurcación, el padre trató de explorar el lugar, la niña volteó la mirada a otro lado y en cuestión de segundos volvieron los disparos, que hirieron al hombre.

"Yo lo abrazaba, no me importaba que me llenara de sangre y le decía que no me dejara. Llegaron los soldados, me arrancaron del cuerpo de mi papá, lo desnudaron y lo torturaron", luego lo decapitaron con un yatagán, relató Dubón.

Los uniformados sedaron a la niña y la despertaron al siguiente día para trasladarla a un cuartel, donde fue llevada con otros niños que durante años sus familias dieron por desaparecidos.

"Estando en el cuartel, las niñas, las más grandes, eran mujeres de los soldados" o "las torturaban, a unas hasta las mataban" pero "gracias a Dios a mí no me pasó nada de eso", añadió la activista, quien señaló que en los alrededores del cuartel de la localidad de Nueva Trinidad "deben haber fosas comunes que ellos mismos hacían".

Tras una incursión de la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), ahora en el poder como partido, en las cercanías de la guarnición militar, los niños fueron llevados a una sede de la Cruz Roja, donde Dubón fue testigo de la desaparición de niños, que después supo, eran dados en adopción.

Posteriormente, junto a 5 niños fueron llevados hasta una de las Aldeas Infantiles SOS en la localidad de Santa Tecla, fronteriza con la capital, donde les "inventaron" otra identidad.

Su nombre verdadero es María Elsy Dubón Romero, pero ahí la nombraron Elsy del Carmen Dubón, la retuvieron por casi una década y finalmente la obligaron a casarse con el hijo de un militar.

Pero en 1994 la organización Pro-Búsqueda, fundada por el jesuita vasco Jon de Cortina, dio con ella y la ayudó a reencontrase con su madre y sus hermanos, convirtiéndose en uno de los primeros 6 casos de desaparición forzada que resolvió la ONG.

Cada 29 de marzo, El Salvador, en cumplimiento de sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH), celebra el Día Nacional de la Niñez Desaparecida, pero esta iniciativa y los pedidos de perdón de los presidentes no satisfacen a Dubón.

"Una forma (de reparación) que me llenaría un poco es mi identidad. Ya basta, he hecho todo lo que he podido para arreglarlo y no puedo", lamentó la mujer, cuyo documento de identidad oficial sigue llevando el nombre que le dieron sus captores.

Pro-Búsqueda y la estatal Comisión Nacional de Búsqueda de Niños y Niñas Desaparecidos durante el Conflicto Armado (CNB) ha denunciado en el pasado que algunos abogados, militares y orfanatos formaban una red para dar en adopción a familias extranjeras a los niños desaparecidos en operativos militares.