•   Tegucigalpa, Honduras  |
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  • EFE

Decenas de negros garífunas conmemoraron este jueves el 221 aniversario de su llegada a Honduras, con bailes al son de música de tambores en el centro de Tegucigalpa.

"Somos una cultura viva, de la vida social, política, económica y espiritual de Honduras", dijo a la AFP Crisanto Meléndez, uno de los más ágiles bailarines y dirigente del movimiento étnico, durante los actos en el parque central capitalino.

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Los bailes a base de movimientos de cadera al son de los tambores, de hombres y mujeres vestidos con colores llamativos, contagiaron a los transeúntes que se detenían a admirar las actuaciones.

En abril de cada año celebran su llegada a Honduras con actos culturales, sobre todo en la costa del Caribe, donde viven en condiciones de pobreza deplorables. / Foto: EFE

Una pieza musical "Sopa de caracol", adoptada de los garífunas e interpretada por el grupo musical "Banda Blanca", dio la vuelta al mundo y sigue sonando en discotecas de América Latina y Estados Unidos.

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La música del ritmo punta, adoptado de la música garífuna, es muy popular en Honduras y entre los inmigrantes hondureños en Estados Unidos, y una gran cantidad de grupos como Cazzabe, Silver Star, Los Roland, Chicas Roland, Gran Banda y Canela, la han adoptado.

"Somos arte, cultura, gastronomía, deporte", subrayó Meléndez.

Y en este último grupo destacan futbolistas que llegaron a jugar en las ligas más competitivas de Europa, como David Suazo, del Cagliari y el Inter de Milán, o Wilson Palacios y Maynor Figueroa, que destacaron con el Wigan de la Premier Inglesa.

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Unos 150.000 personas integran la etnia garífuna, asentada en el Caribe y una de las siete que viven en Honduras, que con alrededor de 800.000 habitantes representan cerca del 10% de la población del país.

Los garífunas desembarcaron el 12 de abril de 1797 en las costa del Caribe hondureño, procedentes de las islas San Vicente y Granadinas, donde se conformaron de una mezcla de negros africanos e indígenas caribes.

En abril de cada año celebran su llegada a Honduras con actos culturales, sobre todo en la costa del Caribe, donde viven en condiciones de pobreza deplorables.