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  • EFE

"Quiero que él sufra lo que yo sufrí", repetía Gilberto Gómez, en el ataúd de su hija Claudia Gómez González, quien el pasado 23 de mayo murió a causa de un disparo en la cabeza durante un incidente con la patrulla fronteriza en Río Bravo, Laredo (Texas, EEUU).

Fueron una de las últimas palabras que Gómez pronunció ante una multitud que le acompañó en el sepelio de los restos de su hija. Demandó "justicia" y que pague el que mató a su hija.

No importó el torrencial aguacero. Parecía que también el cielo derramaba sus lágrimas por la partida de esta inmigrante que buscaba su "sueño americano" y que murió en su intento.

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Los paraguas no fueron suficientes. Miles de pobladores siguieron el féretro hasta el cementerio La Victoria,una aldea vecina de la casa de la familia de Claudia, originaria de la aldea La Unión Los Mendoza, que está unos 220 kilómetros al oeste de la capital guatemalteca.

La familia de Claudia acompañó hoy el cuerpo sobre un vehículo que transportó el féretro. En una caravana de 5 kilómetros el llanto no paró, hasta enterrarla entre las tumbas de colores del lugar.

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La lluvia, que no se detuvo por tres horas, no impidió que personas de las comunidades vecinas se unieran a la marcha de tristeza e indignación por la muerte de una joven muy querida en la comunidad. 

Personas acompañan el ataúd de la migrante guatemalteca Claudia Patricia Gómez González durante el velorio de la joven, en la municipalidad de San Juan Ostuncalco, Quetzaltenango (Guatemala).

Los sollozos y llantos solo se detenían para gritar exigiendo justicia a los Estados Unidos y un juicio a los culpables de la muerte de la inmigrante.

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Gilberto y Lidia, padres de Claudia, se pararon frente al féretro de su hija, quien fue sepultada frente a las grandes laderas de Quetzaltenango, esperando que la justicia llegue hasta San Juan Ostuncalco.