• Tegucigalpa, Honduras |
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  • AFP

La violencia que afecta a Honduras y las amenazas de muerte por parte de personas vinculadas al narcotráfico, obligaron a Cristian, un joven indígena tolupán, a integrarse a la caravana migrante que busca llegar a EE.UU.

Con una pequeña maleta en mano, Cristian Cáceres, llegó en un camión junto a dos hermanos y tres primos al punto de Agua Caliente, fronterizo con Guatemala, con la ilusión de cruzar a territorio guatemalteco en su travesía a Estados Unidos.

Mientras esperaba la oportunidad para pasar a Guatemala, Cristian dijo a Acan-Efe que decidió emigrar a Estados Unidos en la caravana ante las amenazas de muerte que él y su familia han recibido un grupo criminal vinculado, según las autoridades, a la familia del exalcalde hondureño Arnaldo Urbina, en prisión desde 2014 por blanqueo de dinero.

"Vamos huyendo de una banda ilícita denominada 'Los Urbina'", subrayó Cristian, quien dijo que las amenazas se dieron tras la pelea por un terreno con un tío y un primo, a los que, dijo, asesinaron los integrantes de ese grupo criminal y ahora los buscan a ellos.

Según las autoridades, la banda "Los Urbina" está vinculada al sicariato, asaltos y distribución de drogas. William y Olmán Cáceres, de 16 y 17 años y hermanos de Cristian, forman parte de los 447 menores hondureños que no pudieron cruzar la frontera con Guatemala, como lo hizo él, otro hermano y sus primos, por no llevar un permiso de sus padres para salir del país, añadió.

"Uno sale del país por la delincuencia y corrupción que tenemos. No es justo que uno busque una vida mejor y en el mismo país le detengan dos hermanos", subrayó Cristian al referirse a la retención de sus hermanos.

Este hombre de 25 años, ojos oscuros y de la etnia tolupán, comentó que él y sus hermanos han transitado de "ciudad en ciudad (en el país) huyendo de unas personas asociadas al narcotráfico que nos persiguen, no para darnos comida, sino para matarnos".

Destacó además que el presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, "presuntamente ofrece seguridad", pero "lo que hay es impunidad" en el país, que a diario registra un promedio de once muertes violentas.

"No es justo vivir en un país en el que uno pide un trabajo y le piden un año de experiencia, pero no le dan oportunidad para obtenerla, es difícil vivir en una situación así", lamentó.

Aseguró que en Honduras, donde más del 60 por ciento de sus más de 9 millones de habitantes son pobres, "jamás se va acabar la pobreza sino hay generación de empleo".

Migrantes hondureños hacen fila en un control policial donde se les verifica sus antecedentes penales y si tienen alguna orden de captura, y que los niños acompañados por sus padres lleven su documentación en regla para poder continuar su paso en la aduana de Agua Caliente.

Sin acceso a un empleo formal y permanente, Cristian dijo que no le teme al riesgo que representa migrar de manera irregular a Estados Unidos, donde espera reunirse con su madre que emigró hace 12 años.

"La única esperanza en todo este trayecto es que Dios nos diera la bendición y nos ayudara, Dios primero que no nos pase nada, hay que abocarnos a gente que nos pueda dar apoyo y no una mala influencia", enfatizó el hondureño, que mostró documentos que, dijo, demuestran que van huyendo de personas que les "quieren hacer daño".

La caravana de migrantes centroamericanos, en su mayoría hondureños, aguardaba este jueves su paso a México en la frontera guatemalteca de Tecún Umán, en el departamento occidental de San Marcos.

Alrededor de 1.700 hondureños de la caravana, cuya convocatoria fue hecha a través de redes sociales, lograron cruzar la frontera entre Honduras y Guatemala, mientras otros 331 que decidieron no seguir en la caminata que salió el lunes han retornado al país de manera voluntaria, según las autoridades.

Un equipo de la Comisión Permanente de Contingencias se trasladó este jueves hasta Guatemala para "expandir la asistencia" a los migrantes hondureños, a quienes ofrecerán servicios médicos y la oportunidad de retornar a sus hogares de forma segura.