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  • AFP

El gobierno de El Salvador acusó este martes a las pandillas de desatar una ola de homicidios los últimos días para opacar los avances en materia de seguridad y extorsionar a la futura administración del presidente electo, Nayib Bukele, quien asume el 1° de junio próximo.

Los propósitos de la ola de violencia pandillera son "empañar los avances del actual gobierno en la erradicación de la violencia", y "utilizar la amenaza para chantajear al gobierno entrante que debe negociar con ellos como único camino para detener la violencia", según un comunicado divulgado por la presidencia.

Las pandillas de El Salvador, viven de las extorsiones, venta de droga y otros delitos. Archivo/END

La escalada criminal dejó 191 homicidios entre el 13 y 26 de abril, 70% de ellos atribuidos a las pandillas por el Ministerio de Justicia y Seguridad.

Del 1° al 12 de abril, el país acumuló 80 homicidios, para un promedio de 6,6 por día, mientras que las dos semanas siguientes la cifra llegó a 13,6 homicidios diarios.

Desde el pasado domingo, tres policías y tres efectivos del Ejército que se encontraban de licencia fueron asesinados por presuntos pandilleros.

El presidente Salvador Sánchez Cerén advirtió que, con la escalada criminal, las pandillas pretenden presionar a Bukele para que ordene "aflojar las estrictas medidas de control penitenciario" en las cárceles donde están recluidos sus cabecillas.

Con ello, señaló en el comunicado, las pandillas esperan "recuperar los contactos directos e indirectos con sus estructuras".

Las pandillas de El Salvador, viven de las extorsiones, venta de droga y otros delitos. Tienen unos 70.000 miembros, de los cuales 16.400 están encarcelados.

Sánchez Cerén y su gabinete de seguridad ratificaron que "no han negociado ni negociaran concesiones" a las pandillas, por lo que instaron al nuevo gobierno a "no dejarse chantajear brindándoles ventajas".

Del 1° al 12 de abril, el país acumuló 80 homicidios. Archivo/END

"Sabemos que (las pandillas) ya le han enviado su lista de peticiones al nuevo gobierno y su oferta de cesar la violencia a cambio de reducir el estricto control y la intensa persecución", consigna el comunicado oficial.

El gabinete de seguridad advirtió que los cabecillas responsables de los asesinatos de policías y soldados serán capturados y la "ola de violencia será contenida".

El año pasado, El Salvador registró 3.340 homicidios, 15% menos que en 2017, aunque su tasa de 51 asesinatos por cada 100.000 habitantes lo mantiene como uno de los países sin guerra más violentos del mundo.