•   Ciudad del Vaticano  |
  •  |
  •  |
  • EFE

El buen tiempo y la fe de fieles provenientes de todo el mundo ha animado a más de un millón de peregrinos a acudir en masa a la ceremonia de beatificación de Juan Pablo II presidida por su sucesor, el papa Benedicto XVI, en la Plaza de San Pedro ante 87 delegaciones.

El número de peregrinos ha superado las previsiones de asistencia, 300.000 fieles que esperaba el Vaticano, y un millón, la policía italiana.

El Vaticano ha reconocido hoy que el poder de convocatoria de Juan Pablo II ha reunido a más de un millón de personas que se han repartido por falta de espacio entre la Plaza de San Pedro, Castel Sant'Angelo y el Circo Massimo, que ayer albergó una multitudinaria Vigilia.

Roma desierta
Roma amanecía hoy desierta a no ser por los fieles que se dirigían presurosos hacia el corazón de la Iglesia católica y en un silencio sólo rasgado por el tañer de las campanas y el ulular de las sirenas de los coches oficiales con autoridades que acudían a sus puestos frente al altar donde se celebraría la misa.

Helicópteros de la policía sobrevolaban Roma y El Vaticano y la policía vigilaba el discurrir del río Tíber a su paso por el Estado Vaticano.

El puente Vittorio Emanuelle II que salva el Tíber y lleva a Via de Conciliazione aparecía abarrotado y desde su embocadura un grupo de polacos con túnicas rojas con la imagen de Cristo Rey repartían medallas y bellos folletos con iconos.

El ingreso a Via de Conciliazione semejaba más obra de titanes que de fieles piadosos, muchos de los cuales aguardaban con estoicismo desde anoche para seguir de cerca la beatificación del papa polaco.

"Estamos desde anoche, pero nos sacaron de la Plaza de San Pedro y sólo hemos podido entrar hacia la seis de la mañana. Pero ahora nos hemos salido porque a mi me faltaba el aire", dice a Efe Marina Rovira, de Barcelona (España).

Desde el fondo de Via Conciliazione la Cúpula de San Pedro se ve más azul que nunca, pero el dificultoso caminar de gentes apretadas, agobiadas, estrujadas convierte el avance hacia la Plaza de San Pedro en un verdadero calvario para los más bajos, para los ancianos y para algún franciscano calzado con sandalias.

"Son los polacos los que empujan", señala una italiana a un hombre corpulento que avanza decidido entre la multitud con una enorme pancarta gritando que llega tarde.

Seguridad no da abasto
Los servicios de seguridad no dan abasto, se ven empujados por el torbellino, aunque advierten: "Por favor, si vamos todos al mismo sitio, no empujéis!".

Cientos de personas prefieren darse la vuelta y seguir la ceremonia por una de las pantallas colocadas en las calles adyacentes, más recoletas y despejadas.

Al inicio de la misa y ya en la entrada de la Plaza de San Pedro, muchos dormían rendidos al cansancio apoyados en el muro de un arcada, incluso algún que otro cura imberbe.

"Por favor, que estamos en misa", hubo de recordar un sacerdote.

Dos monjitas lidiaban con 29 niñas del Colegio Nuestra Señora Maria de Valdemoro (Madrid), derrengadas tras la Vigilia de anoche y sufrir las apretujones en la Plaza. "Nos estaban aplastando", dice una de ellas, mientras sor María Luisa abanicaba con un folleto a una chica casi desvanecida arrebujada en el suelo.

Poco a poco la solemne misa presidida por Benedicto XVI concelebrada por todos los cardenales, con una impecable liturgia acompañada por bellísimos coros, ha ido aplacando ánimos y elevando espíritus, sobre todo, en el momento en que el papa ha proclamado beato a Carol Wojtila.

"Santo Subito!" (Santo ya!) han proclamado las gentes. Las lágrimas, los vítores y ovaciones han sustituido a los suspiros y lamentos. "Es que es mi papa. Es el papa de toda una generación. Imagínate lo que son más de 26 años de pontificado", subrayó Rita un romana de 45 años.

Para un voluntario del Santuario della Divina Misericordia, "el nuevo beato ha regalado el buen tiempo a todos su hijos "porque Juan Pablo II está aquí entre todos nosotros. ¿No lo sientes?. Nunca nos ha dejado".