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Castro, un billarista con precisión

Foto por: Orlando Valenzuela

Carlos Alberto Castro hoy ocupa el octavo lugar en el ranking general panamericano, categoría máxima masculina.

Trayectoria. El competidor en pool por Nicaragua es tricampeón nacional en bola 8, bola 9 y carambola. En el ranking general panamericano está en el octavo lugar de la categoría máxima masculina. Él considera que los Juegos Centroamericanos Managua 2017, serán su gran oportunidad.

Carlos Alberto Castro comenzó a jugar billar a los 12 años, sin considerar entonces que ese entretenimiento o, como él mismo dice, una “chavalada” se convertiría en lo que hoy lo sostiene económicamente.

Tiene 53 años de edad y es uno de los 699 atletas que competirán por Nicaragua en los XI Juegos Deportivos Centroamericanos, Managua 2017, en una disciplina recién incluida en las competencias oficiales del istmo y que podría llegar a ser un deporte olímpico.

Castro inició su carrera profesional del pool en 2005, cuando se organizaron los primeros torneos de bola 9, una de las modalidades de este deporte, y él fue de los primeros en Nicaragua en entrar a las competencias.

Afirma que el billar le ha dejado mucha vivencia. “Realmente he aprendido mucho en mis 41 años de experiencia en esto (pool); en aquel entonces era prohibido, el billar era visto de manera distinta, como un vicio, pero ahora, con la incorporación de este deporte en los Centroamericanos, la gente ha cambiado esa forma de pensar porque se ha dado cuenta que para jugar billar o el pool, como también se conoce, debés tener mucha concentración, una mente bien amplia y bastante creatividad para poder ver las diferentes opciones que tenés para meter las bolas en las canastas”.

La preparación

El billarista asegura que para estos Juegos Centroamericanos su preparación ha sido completa, entrena cerca de tres horas por día, lo que es bastante en esta disciplina. Admite que a veces no tiene el tiempo para realizar las prácticas porque trabaja por cuenta propia y además es padre de tres niños, el mayor de 10 años.

“Comencé a tener hijos ya mayor, a la edad de 43 años”, comenta. “Trabajo en mi casa, con mi esposa, los dos juntos, haciendo guantes de billar, vendiendo accesorios de billar, siempre nos mantenemos ocupados. También asistimos bastante a la iglesia, que es lo más maravilloso que me ha pasado, junto con el billar”.

Castro abandonó los estudios en el segundo año de secundaria para dedicarse a jugar billar. Ha participado a nivel internacional en Juegos Panamericanos y logró ser subcampeón en 2010, luego consiguió el tercer lugar en la misma competencia pero en la edición del año 2011. En torneos nacionales ha sido cinco veces campeón nacional en las modalidades de bola 9, desde el año 2010.

Hoy ocupa el octavo lugar en el ranking general panamericano, categoría máxima masculina. También es tricampeón nacional en bola 8, bola 9 y carambola.

El billarista asegura que este deporte es esencial en su vida y no piensa retirarse, porque es su mayor pasión y a la vez su negocio. “Me han dado ganas de retirarme, más que todo por la iglesia, pero a la vez digo que no, porque es donde yo trabajo. En realidad la iglesia no te limita nada, es la fe de uno que conforme va creciendo vas valorando cuál es la enseñanza que estás recibiendo y qué es lo que debés hacer porque Dios mismo te va transformando y te va ayudando, además que él te va guiando”, comenta Carlos Castro. “Canasta” como se le conoce a Castro, ha jugado billar desde 1974 y asegura que solo dejó de practicar este deporte en dos momentos: Durante la guerra de 1979, cuando prestó el servicio militar en la década de 1980 y durante los tres años que estuvo en Costa Rica, entre 1997 y el 2000, buscando nuevos horizontes, aunque no le fue bien. “Yo invito a toda la gente que le gusta el billar y a los que no también, a que asistan a este evento que va a estar bien bonito y el mensaje más importante que les puedo dar es que nos preocupemos por salvar nuestras almas, no nos enfoquemos solo en lo material sino que busquemos la salvación espiritual y que nos empapemos un poco de la enseñanza de Dios”, finaliza Castro.