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Lo ocurrido en Costa Rica hace cuatro años fue casi catastrófico: el atletismo pinolero quedó reducido a solo 6 medallas, una de oro conseguida por Dalila Rugama, la invencible lanzadora de dardo largo; la de plata proporcionada por el relevo masculino 4 por 400; y las 4 de bronce, Dimas Castro en 10 mil, Dirian Bonilla en maratón, el incansable Rigoberto Calderón en jabalina, y el relevo 4 por 100. Me pregunté: ¿Qué pasó con las elevaciones logradas en los años 86, 90 y sobre todo en el raro evento multisedes del 2006, cuando el atletismo se realizó en el Instituto de Deportes?

No es fácil levantarse de la lona. Nunca lo es. La máxima dirigente de este deportes, Xiomara Larios, todavía recordista en los 800 metros, ha hecho cálculos con su equipo de apoyo, considerados prudentes: un total de 20 medallas, pero solo 3 de oro, nada que ver con las 20 obtenidas en aquel 2006 con la brillantez de Jessica Aguilera, ganadora de 4 en un alarde de efectividad (400 planos y 400 vallas, 4 por 100 y 4 por 400). Xiomara espera dos de oro por parte de Erick Rodríguez, esa locomotora jinotegana que es favorito en los 1,500 llanos y los 3,000 obstáculos, y por supuesto, la de Dalila Rugama, lanzadora de jabalina que busca su cuarta medalla dorada en  esa especialidad.

Una vieja relación

Estoy vinculado al atletismo pinolero desde mi época de bachillerato en el Ramírez Goyena, cuando las Olimpiadas Escolares eran el más llamativo evento en el viejo Estadio Nacional; quise ser saltador largo pero saltaba corto; haciéndome muy amigo del entrenador de origen húngaro Itsván Hidvegi no perdía asistir a los entrenamientos desde las 5:00 de la mañana cada día; conocía obviamente a cada atleta pinolero del llamado alto rendimiento y establecí conexión amistosa con la mayoría; me jactaba, antes de la aparición de Marcos Iglesias, y de ser cronista, que nadie me podía discutir sobre el atletismo casero e internacional. Todo mi aprendizaje se lo debía a Hidvegi, quien me obsequiaba revistas europeas, porque los récords no necesitan traducción. Ese vínculo fue roto después de 1994. No sé por qué, perdí interés.

Una de mis mayores emociones fue ser testigo en 1986 en Guatemala, del estallido pinolero en las pruebas de velocidad pura. Ver a nicas ganando 100, 200 y 400, tan agresivos en los relevos, me parecía un producto de la fantasía, pero estaba ocurriendo. Se consiguieron 26 medallas, creo que 27 en 1990, y en el 2006, funcionando en caso, se aseguraron 46 medallas, 20 de oro, 17 de plata y 9 de bronce. Nicaragua era el Rey del Atletismo Centroamericano. ¿Se imaginan tal iluminación? Así que me resultó doloroso hace cuatro años, ver casi nada en Costa Rica. Una de oro –gracias Dalila– y una de plata. ¿Qué era eso? Frente al gran reto de salir del hoyo y enviar señales de restauración, se encuentran a partir de hoy, los atletas de pista campo. La pretensión es 20 medallas, 3 doradas.