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Siete años atrás en una competencia de remo popular en el Gran Lago, el entrenador Martín Álvarez se fijó en cinco chavalos. Cuatro de ellos tenían tres elementos en común: eran primos, vivían en El Arado, una isla del Cocibolca, y sus madres habían participado en eventos como este, resaltando tanto como ellos. 

Era enero, y Álvarez estaba apresurado por conformar una selección de remo que participara en los Juegos Centroamericanos de El Salvador 2010, donde él trabajaba, así que eligió a Vicente Vanegas, Roberto González, Felipe Enrique Jarquín Potoy, Héctor Francisco Potoy Vanegas y Eddy Alberto Vanegas.

Habló con ellos, les propuso conformar la selección y les indicó que recibirían orientaciones por internet. “Tenían mucho potencial, estaban concentrados todos en una misma isleta, todos son familia, así que facilitaron el proceso de entrenamiento. Yo le enviaba a Vicente el entrenamiento y los supervisaba a través de videos”, recuerda Álvarez. 

En marzo de ese año se trasladaron a la base de entrenamiento ubicada en El Salvador y durante dos meses aprendieron técnicas que desconocían debido a que aprendieron a remar empíricamente, por necesidad. 

Vicente Vanegas, entonces de 17 años, había aprendido a remar desde los cinco años. “A esa edad todos los niños empiezan a hacerlo donde yo vivo”, dice. 

Hay mucha diferencia entre un bote de pesca y un olímpico, reconoce Vicente. En El Salvador estudiaron hasta cómo montarse en esas embarcaciones. 

“El cambio fue un poquito brusco, aunque nos facilitó que teníamos el equilibrio, la técnica era difícil. Nosotros en los botes de pescadores vamos fijo por dentro, no nos movemos, mientras que en el otro debemos mover el asiento o carro, como le decimos, y tenemos que usar las piernas. En los pescadores solo usamos brazos y espalda”, detalla Vanegas.Ana y María Vanegas Jarquín practican en las aguas del Gran Lago.

Un año después, la Federación Nicaragüense de Remo (Feniremo), liderada por Gerardo Álvarez Chamorro, decidió incluir a Karla Potoy, María, Ana y Evidelia Vanegas Jarquín, prima y hermanas de Vicente respectivamente, para continuar con su preparación en El Salvador.  

Este grupo, al que también pertenecen Bismarck David Potoy y Félix Damián Potoy es el que ganó cinco medallas de oro, cuatro de plata y una de bronce el pasado 4, 5 y 6 de diciembre en el puerto Asese. 

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II

En una de las tantas competencias en las que participó Mayra Jarquín siendo joven, estaba embarazada de Evidelia, la cuarta de sus hijas. 

Solía participar junto a su cuñada, Karla Potoy, y a su mamá, doña Felipa. “Competíamos en botes de pesca”, aclara Jarquín, hoy de 54 años.

Mayra es una mujer de poco hablar que aprendió a remar por necesidad, al igual que sus hijos, Vicente, Ana, María y Evidelia. Ella no alcanzó a ser conocida ni a salir del país para ser entrenada y tampoco pudo estudiar las técnicas para competir en regatas internacionales. 

Llegó a los 17 años a esta isla cuando se casó con Pedro Vanegas (fallecido en septiembre), quien ya había vivido en Jinotepe y en la isla Zapatera. Tres de sus cuatro partos fueron asistidos por su mamá en El Arado porque el hospital quedaba muy lejos y ella sabía de esos cuidos.  

Su casa ha sido modificada gracias a los viáticos que su hijo y sus tres hijas han ahorrado cada vez que salen del país para participar en competencias internacionales. Los hermanos Vanegas Jarquín en la casa donde guardan los botes. Foto: Karen Espinoza.

Ellos mismos la han mejorado. Han cavado para construir una acera donde no existía; han techado el porche para sentarse por las tardes; han hecho divisiones con plycem y cambiado la cocina que antes era de tabla. El viejo zinc del techo ha sido sustituido y han reparado la fachada de su casa, que ahora tiene dos ventanas y una puerta, es de concreto y está pintada de color verde. 

En la vivienda no hay luz, así que usan un panel solar que consiguió Ana. Para estudiar y preparar la cena ocupan focos o invierten semanalmente en un galón de gasolina para hacer funcionar una planta pequeña que ganó Vicente en una competencia de remo de pesca. Pese a los logros que han conseguido, no poseen un título de propiedad. 

“Nosotros no tenemos un título y en una ocasión nos quisieron desalojar, pero luego el Gobierno dijo que si tenían más de 30 años no sacaban a la gente. Nos han estado ayudando a través de la Federación para legalizarnos pero todavía no tenemos respuesta”, cuenta Ana, la atleta que logró la primera medalla de oro para Nicaragua en los XI Juegos Centroamericanos.  

La isla El Arado está rodeada de seis islotes y en sus orillas hay grandes piedras volcánicas que les sirven a sus habitantes para lavar la ropa. Tiene 19 manzanas de tierra y una población aproximada de 100 personas.  

Para llegar hasta ahí existen dos formas, la primera es desde el puerto Asese, desde donde se tiene que tomar una lancha y navegar unos siete kilómetros. También se puede por el camino a El Astillero, cuya entrada es antes de Asese, y se deben recorrer siete kilómetros hasta el puerto El Rayo en bus y luego remar unos 700 metros.Los hermanos Potoy con su madre el día de la premiación.

III

El pasado lunes 4 de diciembre, cuando Ana Vanegas entró a las aguas del lago de Nicaragua sabía que ganaría. Ha remado junto a su familia en ese lugar toda la vida. Ana es morena, delgada, tiene pelo negro, ojos oscuros y algo achinados. No lo recuerda con precisión porque era muy pequeña pero aprendió a remar aproximadamente a los cinco años. Aunque es callada y se considera tímida, siempre mantiene una sonrisa cuando habla del remo, los estudios y su reciente triunfo. 

Antes de participar en estas regatas también practicó paddle surf y triatlón, aunque abandonó este último porque, aunque sabe nadar, le da mucho miedo estar sumergida en el agua. 

Actualmente cursa primer año de la carrera de Educación Física en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), junto a su hermana Evidelia. 

Sueña con enseñarles deportes a los niños, mientras que Evidelia, su compañera de regatas, quiere ser jueza de la Federación Internacional de Sociedades de Remo (FISA). 

Los hermanos Vanegas Jarquín comparten la pasión por el remo con sus primos Potoy Vanegas, quienes viven a pocos metros de su casa, también en la isla El Arado. 

Karla Vanessa Potoy, quien ganó una medalla de plata en estos Juegos, está recién egresada de secundaria y le gustaría estudiar para ser chef. “Siempre me ha gustado cocinar y me gustaría aprender más. No me gusta ver televisión, pero sí escuchar música y bailar”,  dice Karla.

Solo tres días antes de la competencia de remo, Héctor Potoy, hermano de Karla y quien junto a Vicente ganó medalla de oro, recibió su título como bachiller, y ahora su plan es estudiar Licenciatura en Deporte para ser entrenador.  

“Me gusta el remo y quiero seguir trabajándolo, pero cuando ya no pueda hacer deporte yo quedaría como entrenador”, dice el joven de 26 años, quien se dedica a la pesca y a cultivar en su terreno. “Es bonito vivir en la isla”, asegura. 

Martín Álvarez es quien entrena a los 10 miembros de la selección nacional de remo y desde hace tres años vive en la isla El Arado.

“Hace tres años me fui a vivir con ellos y los admiro porque le tienen amor al remo, se entregan al ciento por ciento, cada día hacen entrenamientos competitivos y tienen una disciplina espectacular, son personas muy especiales que gracias a Dios nos permitió a nosotros poder captarlos y trabajar con ellos”, detalla Álvarez. 

A Gerardo Álvarez Chamorro, presidente de Feniremo, le alegra que la historia de estos jóvenes  sea ahora conocida, pues como familia y compañeros de deporte han sido muy diferentes a los atletas que practican otras disciplinas. 

“Son personas de escasos recursos pero muy educados, ¡cómo no admirarlos si cuando salíamos y les dábamos viáticos ellos lo ahorraban para llevarlo a su familia! Este año el Gobierno les dio de viáticos 6,000 córdobas mensuales y desde el año pasado el Comité Olímpico les entrega al mes 500 dólares que se los reparten en forma igualitaria por decisión de ellos. Eso no lo ves en otro deporte, esa hermandad, esa comprensión y solidaridad de ellos”, manifiesta Álvarez Chamorro.

El cubano Miguel Castro, quien capacitó a 11 árbitros nacionales previo a la competencia, confiesa que vivió un nuevo capítulo en la historia del remo al ver ganar a estos jóvenes, pero está consciente que estos resultados los obligan a triunfar en eventos de mayor categoría. “Ahora hay que tener en cuenta a Nicaragua para otros eventos, y tratar de lograr medallas en eventos de más categorías”, reflexiona Castro.

IV

La historia de El Arado ha cambiado con los XI Juegos Centroamericanos, ahora no será una simple isla porque se encamina a convertirse en un centro regional de entrenamiento como la base que hay en El Salvador, donde estos atletas comenzaron a dar sus primeros paletazos, vencieron el miedo a lo nuevo y desafiaron las aguas. 

Para 2018, la Federación Nicaragüense de Remo pretende ampliar sus captaciones de talento y convertir a Xiloá en base de entrenamiento, para de esta manera formar más atletas que estén presentes en futuros eventos olímpicos. 

El remo, un deporte de élite practicado por pescadores

Marisol Alvarado, guatemalteca y jueza internacional de la FISE, clasifica al remo como un deporte caro por el costo de las embarcaciones y las condiciones donde se deben practicar. 

“En circunstancias ideales, tenemos que tener una pista olímpica, a diferencia de muchos países europeos por ejemplo que construyen sus pistas, aquí nosotros en Centroamérica trabajamos en aguas abiertas que es un reto adicional, a veces nuestros recursos acuáticos están muy aislados para llegar a ver las competencias y reclutar atletas. Son muchos los equipos que se necesitan  para desarrollar este deporte”, añade Alvarado, quien fue atleta durante seis años en su país.

Miguel Castro, de Cuba, dice que este deporte ha sido de “élite” porque era practicado por gente de dinero “en clubes con gente internacional y que no era de acceso para personas de poco poder adquisitivo. Además, las embarcaciones cuestan mucho, los remos son caros, las instalaciones técnicas y lleva muchos recursos”,  menciona el cubano.

 Sin embargo, ahora esta disciplina se está haciendo masiva a nivel latinoamericano y un ejemplo es Cuba, dice Castro. “Club Náutico, en Varadero, donde yo vivo, era un club exclusivo de la alta sociedad y  luego se hizo  masivo el deporte para que llegaran todos aquellos que quisieran practicar, eso ha  permitido a Cuba tener el desarrollo productivo que ha mantenido durante muchos años.  Además, desarrollar este tipo de deporte ayuda al desarrollo espiritual y físico de la personas”, estima árbitro internacional.

Alberto Quiñones Betancourt, presidente de la Federación Cubana de Remo, reconoce que es un deporte caro practicado por pobres en el mundo. “Es practicado por una persona  rica en pensamiento e inteligencia, pero un bote es muy caro y puede costar hasta 6,000 euros en cualquier lugar  del mundo,  hasta para los ricos es caro”, insiste. 

El traslado de estas embarcaciones es otro obstáculo para cualquier selección latinoamericana, dice Betancourt.  “Si queremos ir a Europa a competir, donde radican los grandes atletas de remo en el mundo, tenemos que cruzar nosotros con nuestros remos y botes el Atlántico,  y eso  encarece mucho el deporte. Igual les pasa a los europeos. El remo es un deporte de implemento, que lleva tecnología implícita y todos los años cambian sus embarcaciones”, puntualiza.