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Me parece que el cielo se está moviendo y viene hacia mí, puede haber imaginado Dalila Rugama, mientras pisaba firme realizando ese traslado de poder de las piernas al brazo que proporciona el paso cruz, y soltaba, junto con su alma, ese dardo largo metálico en busca de la doble proeza: su cuarta medalla de oro consecutiva en el disparo de jabalina en Juegos Centroamericanos, y el establecimiento de una nueva marca en cada ocasión, incluso la de ayer. Lo logró en su segundo intento alcanzando 53 metros y 47 centímetros. No un récord personal, porque sus 55.28 metros registrados en el 2007, permanecen intactos, como un hermoso pavo real disecado, que adorna las vitrinas de nuestro atletismo.

Hizo una advertencia

Envió Dalila un aviso madrugador con el lanzamiento de 49.02 en su primer esfuerzo, estirando sus músculos, sacudiendo sus brazos, encendiendo su mirada, flexibilizando sus piernas, agitando su corazón. Esa aproximación a su propia marca de los Juegos, que era 49.48, fue solo una ligera advertencia, y en el segundo, fue a fondo. La jabalina se elevó a prisa, zumbando y flameando, y aterrizó más allá de la señal de los 50 metros. El público rugió y ella también. Todo estaba escrito. Sus posteriores disparos de 49.60 y 47.80, mejores que cualquiera de los ejecutados los por sus asustadas retadoras, no tenían significado ante el aseguramiento del oro y la marca con los 53.47 metros.

Cuando todo terminó, superando claramente los 45.82 de la costarricense Génova Arias y los 41.80 de la guatemalteca Sofía Alonso, Dalila se sintió taladrada por la emoción. Puso su rodilla en tierra, agradeció a ese cielo que seguía moviéndose, y se cobijó con la bandera de Nicaragua. El público estaba conectado con su sentimiento. Ella, flotando alrededor de su orgullo. ¡Qué momento más sublime amigos! Apropiado para atraparlo y meterlo en una botella. La ilusión convertida en certeza. Valió la pena ser testigo.

Garth no alcanzó los 2 metros

En tanto la batalla de Frank Garth por elevarse encima del listón a 2.01 metros, fue inútil pese al esfuerzo desplegado. Llegó a superar el 1.95, y avanzó a 1.98, pero no tuvo suficientes alas cuando enfrentó los 2.01. El público agrandó sus ojos desmesuradamente y crispó sus músculos como si quisiera ayudarle desde las tribunas en cada uno de sus tres intentos fallidos. No fue posible, pero Garth está lo necesariamente joven para mantenerse en persecución de ese objetivo: ser el primer pinolero de dos metros. Quizás yo pueda verlo. Me gustaría, pero la vida no es un programa de complacencias. El ganador del oro fue el panameño Alexander Bowen, con 2.10 metros, superando a su compatriota Jaime Escobar quien se elevó 2.06 y al guatemalteco Ken Franzúa con 2.01. Garth fue cuarto, pero con marca casera de 1.98, moviendo su propio 1.95 y fortaleciendo pretensiones, si se conserva al cubano Francisco Centelles como adiestrador.

En los 5,000 metros, los pinoleros Álvaro Vásquez y Dimas Castro estuvieron al frente hasta la octava vuelta de las doce y media de recorrido, pero se les agotó el combustible y terminaron ocultos en la neblina de la discreción, mientras los guatemaltecos Juan Carlos Trujillo y Mario Pacay obtenían el oro y la plata alejándose en forma impresionante, y el salvadoreño Oscar Aldana se quedaba con el oro. El triunfo del tico Nery Brenes, un campeón del mundo bajo techo en los 400, pudo ser rotundo, pero cerró acariciando el oro, delante de su compañero Shermal Calimore y del panameño Virgilio Griggs; en los 100 metros con vallas para damas, la proyección de Andrea Vargas, costarricense, fue fenomenal, registrando 13.12 segundos por 14.48 de Xiomara Smith, panameña; y en los 110 con vallas para varones, el guatemalteco Wienstan Mena con 14.24 dejó atrás a su compañero Ronald Ramírez. Nosotros no metemos las narices en esas discusiones.