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Es difícil para nosotros, a un lado de las seis medallas conquistadas en los nueve torneos de beisbol, realizados en Juegos Centroamericanos, buscar momentos, no necesariamente grandes, pero sí recordables. Siendo un torneo tan pequeño, reducido a los duelos Nicaragua-Panamá, se recuerdan más las fatalidades, como las dos derrotas ante El Salvador en 1990, víctimas del sorprendente pitcheo del pinolero Cirilo Herrington, a quien creíamos ya retirado, y el revés frente a Costa Rica 13-8 en 1986 sin poder sacarle el máximo provecho a 12 bases por bolas recibidas, viendo naufragar a Benigno Aráuz, José Olivares, Claudio Ulloa, Hebert Downs y Francisco Medrano.

Sin embargo, ese jonrón con bases llenas disparado por Julio Mairena en 1977, para arrebatarle el oro a Panamá, que triunfaba en el noveno inning 3-2, tiene un sitio en el rincón de nuestros recuerdos, como lo más emocionante vivido por el beisbol en el territorio discreto de estos Juegos. Veníamos de pelear el tercer lugar en la llamada Super-Copa Intercontinental de ese mismo año aquí en casa, que ganó Corea en otro de los atrevimientos de Carlos García, y al caer el telón se viajó a San Salvador con Porfirio Altamirano, Ernesto López y Julio Cuarezma, quienes disputaron el liderato de jonrones en la Copa, Julio Espinoza, Roberto Espino, Arnoldo Muñoz y otros. Se esperaba el oro, y se ganó, gracias a ese estacazo de Mairena.

Entre complicaciones

Hemos coexistido con las dificultades. En los Centroamericanos y del Caribe de 1950 efectuados en Guatemala, tiempos de Cayasso, perdimos contra  Costa Rica, consecuencia del trabajo en contra de un tirador rivense, el zurdo Secundino Bonilla. Antes en el Mundial de 1948, con la base de una Selección que peleó el campeonato en 1947 en Colombia, perdimos contra Guatemala… En otros torneos regionales hemos sufrido reveses frente a pequeños adversarios, y esos antecedentes, obligan a permanecer con las barbas en remojo, porque de pronto, nos sale el diablo con cualquier uniforme borroso. 

Se dice que Panamá es una seria amenaza. Nada nuevo, siempre lo ha sido. Que peloteros cubanos y de otros lados, nacionalizados, fortalecen a rivales. Uno piensa que si fueran verdaderamente buenos, no andarían por Centroamérica, donde el beisbol, con excepción de Nicaragua y Panamá, es de vecindario… Nicaragua ha confeccionado un equipo favorito con el big leaguer Cheslor Cuthbert como figura cumbre, y un staff consistente, apuntalado por Wilton López y Gustavo Martínez. ¿Será capaz este equipo de producir algo recordable como las 35 entradas sin carrera del 2006? Aún con el respeto que se ha ganado Panamá, si no se gana el oro, será frustrante.