•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

¿Quién se atreve a fijar a un favorito para ganar el individual de tenis de mesa? Difícil, muy difícil según los conocedores de este deporte tan exigente en rapidez, violencia y precisión, entre ellos Jorge Herrera, guatemalteco, dirigente de la Unión Latinoamericana, quien es capaz de ofrecer una charla sobre virtudes y problemas de cada uno de los aspirantes. Sin embargo, sus ojos se iluminan juntos con los de Óscar Molina, cuando habla del joven panameño Jacobo Vanish, rumbo a los 16 años, dueño de una versatilidad que le permite sacarle gran provecho a su variedad de recursos y desajustar a los rivales.

Lo vi fajarse con los integrantes del equipo tico, y me pareció un jugador en pleno proceso evolutivo, pendiente solo de acumular la experiencia necesaria para enfrentar los grandes retos. Ha impuesto su clase en la categoría juvenil, y aunque dentro de su alegría natural es muy reservado para exteriorizar opiniones, escucha todo lo que se dice de él y sus posibilidades. Juega adentro, confiando en su bloqueo y la rapidez de sus piernas para conseguir apropiadas posiciones de tiro. Su agilidad le proporciona un gran alcance y sus contragolpes desde la media distancia, le facilitan regresar a la mesa y tomar la iniciativa.

Temible adversario

En una época en que lo relampagueante del juego ha crecido, y el raspado de pelota con esos hules milagrosos han hecho desaparecer de estas balaceras a los jugadores defensivos, Jacobo está brillando. Hoy, la vistosidad ha sido desplazada por la efectividad, y lo retorcido de los servicios obligan a devoluciones que facilitan remates fulminantes. Eso sí, Vanish se siente como pez en el agua, y figuras cumbres como los guatemaltecos Hebert Moscoso y Héctor Gatica, los salvadoreños Julio Calderón y Samuel Alfonso, el tico Jayson Martínez y otro chavalo, el nicaragüense Gary Castro, lo miran como un adversario temible.

En casa hay mucho interés por seguir la proyección del pinolero Gary Castro, rumbo a los 17 años. Son estos retos los que permiten calibrar su fogosidad y progreso, y su tránsito por el torneo por equipos que define hoy por la tarde, a eso de las 5, al ganador de la medalla de oro, será muy útil para entrar en consideraciones sobre sus pretensiones en el individual, programado para el domingo. En 1986 y 1990, Óscar Molina, ganando cuatro oros en cada edición, dejó huellas profundas y aparentemente imborrables. Y es Óscar, quien considera que un duelo entre Jacobo y Gary vale la pena verlo con un chaleco antibalas. Es lo que voy a llevar. 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus