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Tenía seis años cuando jugó su primer partido de ajedrez.  “Mi abuelo me enseñó a jugar, no sé si le pedí que me enseñara o fue una iniciativa de él, lo que sí tengo muy presente es que la primera partida me la ganó”, recuerda Mauro Ampié, 20 años, quien esta semana ganó dos medallas de oro en los Juegos Centroamericanos. 

El joven vino de Chicago, donde estudia, solo para participar en las competencias regionales, y está a unos pasos de alcanzar uno de sus grandes objetivos: convertirse en maestro internacional.

En la Universidad de Chicago, estudia Sicología, una carrera que considera “un buen complemento para el ajedrez, porque además de ser un poco parecida, que busca tratar de entender por qué funciona la gente como está funcionando, también ayuda mucho a entender algunas jugadas del ajedrez. En algún momento puedo usar la sicología aplicada a este deporte”.

Nacido y criado en Managua, cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio San Agustín. Su formación ajedrecística también la tuvo en Nicaragua, aunque sigue desarrollándose y estudiando.

“A los 11 años jugué con un amigo de la familia, René Vivas, quien le dijo a mis papás que yo jugaba bien y que sería bueno que me pusieran un entrenador. Así que mucho de esto se lo debo a él, porque no se me había cruzado por la mente entrenar para jugar ajedrez”, relata.

Sus padres tomaron el consejo y contrataron a Daniels Olivares, maestro Fide en Nicaragua, quien lo ayudó a dar sus primeros pasos. 

“Al año de estar entrenando con Daniels, gané el Campeonato Nacional de Primaria, luego a nivel de Centroamérica me fue súper bien, gané todas mis partidas y empaté dos”,  señaló.

Ampié asegura que esas experiencias iniciales lo incentivaron porque le permitían viajar y conocer a otros jóvenes interesados por el ajedrez, al igual que él. 

Crecimiento

A los 15 años empezó a trabajar con el maestro internacional Héctor Leiva, con quien su entrenamiento se volvió más metódico en cuanto al estudio de las jugadas iniciales de la partida y también le ayudó a entender la partida de forma un poco más sofisticada.

“Trabajé con él como tres o cuatro años y di el salto importante porque me convertí en el mejor jugador de Nicaragua y en el mejor juvenil de Centroamérica, empecé a ganarle a todos los juveniles y me iba bien internacionalmente, con él creo que logré ser el jugador que hoy soy”, reconoce Ampié.

Para este joven, el ajedrez es en parte un “hobbie”, porque su prioridad es su carrera universitaria, pues ha visto a jugadores que se dedican solo a este deporte y terminan presionados al obsesionarse con obtener buenos resultados.

 “Yo no quise hacer eso, estoy entrenando ajedrez pero mi proceso es un poco más lento, aparte yo creo que el ajedrez es un camino que me permite desarrollarme de una manera que no alcanzaré con lo académico. Al ser deportistas buscamos el perfeccionamiento y eso me será útil para hacer las mejores jugadas mientras que las clases me dan conocimiento general de la vida y de la gente”, aclara.

Ampié señala que algunas personas no comprenden cómo puede pasar cuatro horas en un tablero, pero asegura que cuando obtiene los grandes resultados todo empieza a cobrar sentido.

Es un asiduo lector de novelas cortas, pues considera que la lectura es de esas actividades que no hace competitivamente. Gusta de la obra de Rubén Darío, Ernesto Cardenal y los cuentos de Sergio Ramírez.

Juegos Centroamericanos

Hace un año fue invitado para representar a Nicaragua en los Juegos Deportivos Centroamericanos y aunque al inicio no estuvo seguro de hacerlo por sus compromisos académicos, al revisar las fechas confirmó que solo iba a perder una semana de clases, dio el sí, aunque eso implicó que realizara sus exámenes con una semana de antelación.

“Me empecé a preparar. Contraté como entrenador a Santos Marenco, con quien trabajé aproximadamente 3 meses. Él era top 100 del mundo y sabía que era el jugador que me podía ayudar a dar el salto que buscaba. Hacíamos sesiones de 4 o 5 horas para cambiar de nuevo mi visión de juego”, añadió.

Cuando Marenco dejó de entrenarlo, la Federación Nicaragüense de Ajedrez contrató al maestro cubano Yaser Quezada, con quien empezó a entrenar en agosto con clases presenciales y luego por Skype. Asegura que le ayudó a mejorar sus líneas de juego y además jugó tres torneos en Estados Unidos para mantenerse en ritmo.

En la competencia oficial de los Centroamericanos jugó tres partidas contra los campeones de Panamá y de El Salvador, además de enfrentar a uno de los principales talentos de Honduras. Ganó dos y empató una para asegurar el oro, el cual ganó con tablas. 

 “Me siento bien, fue un proceso largo de entrenamiento, estoy realizado porque los resultados que estaba esperando llegaron. Valió la pena el esfuerzo, especialmente de cara a la olimpiada que se realizará el próximo año, así como competencias continentales”, aseguró.

Por otro lado, manifestó que a su edad está en el momento propicio para dar un salto importante, pero necesita patrocinadores, por lo que espera que la empresa privada empiece a voltear la mirada hacia esta disciplina que requiere de inversión para prepararse y sobre todo para viajar a los diversos torneos.

Finalmente reconoció el gran esfuerzo del Gobierno para ser una sede completa para estos juegos y espera también que siga apoyando a los atletas de las diversas disciplinas, para que puedan desarrollarse.