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El ping pong de hoy, que a mí –de 74 años- me cuesta llamarle tenis de mesa, es sencillamente electrizante, con una aplicación de velocidad y violencia, alucinantes. Es impresionante ver trazar esa geometría que provoca escalofríos, con diagonales tan vertiginosas como imposibles, curvas de rápido y difícilmente descifrable desarrollo, cargadas de efectos imprevisibles. Nada que ver con el viejo ping pong, visto ahora con barbas, canas y muletas, lento y encorvado. Lo he comprobado viendo a los mejores del planeta en los Juegos Olímpicos. Es algo asombroso. Si uno no sale herido, es por casualidad. Desde que ustedes se acercan a la instalación se escuchan claramente los balazos, y es normal lanzarse al suelo en busca de protección. 

A echar humo

Hoy, en el Instituto de Deportes, en una sala de cinco mesas con olor al viejo oeste, se inician las batallas por el título individual, y aún en este pequeño nivel centroamericano, el público no puede evitar crisparse con los ojos agrandados frente a lo que ofrece el fuego cruzado entre los ‘ases’. Los más retorcidos servicios casi siempre tienen devolución; el ataque a la segunda pelota no es definitivo, excepto en algunos casos de peligrosas elevaciones en las respuestas; los cambios de metralla son planteados a un metro de la mesa y con una seguridad increíble. ¿Cómo poder seguir con la vista cuatro o cinco pelotas de ida y regreso convertidas en balas disparadas hacia ángulos incómodos? ¿Cómo es posible que los reflejos puedan responder a semejantes exigencias con una flexibilidad muscular de gimnasta?

Varios chavalos

¿Quién favorito? Sin la menor duda, el reto es mayúsculo para el joven ´pistolero´, el  pinolero Gary Castro, quién estará tratando de sobrevivir entre fieras. Ya veremos hasta dónde puede avanzar… Ojo, mucho ojo con los guatemaltecos Heber Moscoso y Héctor Gatica, que se han mostrado humeantes e implacables. Vale la pena verlos en acción, igual que los costarricenses Jeyson Martínez, de variados recursos y nervios de acero, y el chavalo de 14 años Alfredo Sánchez; los salvadoreños Julio Calderón y Samuel Alfonso; y por supuesto, los panameños Jacobo Vanish, de apenas 14 años, jugador de fogosidad llamativa y capaz de arrugar a los más bravos, como lo demostró superando a Moscoso en el torneo por equipos, y Omer Avi-Tal, frío, pensante y certero, adiestrado en Asia como la mayoría. Amigos, traten de presenciar cualquiera de los duelos entre estos nueve, que buscan desde hoy, cómo abrirse paso hacia el título individual, intriga que será resuelta mañana domingo.