•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

La llama de los Juegos Centroamericanos está por extinguirse pero no los recuerdos, tan vívidos, tan recientes, tan estimulantes. Los corazones de los atletas nunca se rinden, aunque no sean de medallistas. Por caer el telón, los latidos siguen escuchándose. No se necesita de un gran evento para eso. Pueden ser los Juegos Olímpicos o estos Centroamericanos, tan pequeños en su nivel de competencia. Y entre la cabalgata de partidos y más partidos, de duelos y más duelos, de medallas de diferentes colores, quedan los grandes momentos y nuestras figuras cumbres.

En los Juegos de 1986, el nadador Luis Correa que estudiaba y se afilaba en Costa Rica, aterrizó en Guatemala como un probable ganador de seis o siete medallas, pero la presión ejercida por Costa Rica, reclamándolo y exigiendo de Nicaragua una comprobación de su estatus como pinolero en el país del sur, hizo que Correa quedara fuera de combate. En esos juegos, el “pistolero” pinolero Óscar Molina, ganó cuatro medallas de oro en tenis de mesa y repitió la proeza en 1990. Sin embargo, sus ocho oro, no es la máxima cifra de un nica, porque el tirador Walter Martínez con tres presencias en Juegos Olímpicos ganó 11 de oro, y el pesista Orlando Vásquez, considerado el mejor atleta amateur de todos los tiempos, acumuló 9 en Centroamericanos, igual que Lourdes Ruiz combinando las pesas con los lanzamientos. Otro caso de mayúsculo significado es el de Rigoberto Calderón, excepcional lanzador de jabalina, con seis oro durante un largo dominio.Becker Jarquín cosechó un oro en salto largo.

Me quedo con Dalila 

No es fácil seleccionar el momento y la figura cumbre del deporte nacional en estos Juegos. Mirando con mis lentes, pienso que es el disparo con vuelo rompenubes de la jabalinista Dalila Rugama, haciendo zumbar el artefacto a lo largo de 53 metros con 47 centímetros, aproximándose a los 55.28 registrados como marca personal y por supuesto nacional en el 2007. No hay forma de imaginar cuándo vamos a volver a ver superar la barrera de los 50 metros a una muchacha en dardo. Clavando rodilla en tierra, ella misma no podía creerlo. Ojo, estamos dimensionando cifras de acuerdo con los antecedentes y proyecciones, en nuestro nivel, no en otras esferas de mayor exigencia. Fue la cuarta medalla dorada de Dalila en Juegos consecutivos.

Además: Nicaragua apalea a Costa Rica en el beisbol de los Juegos Centroamericanos

El récord en total de medallas superando las 147 y la arremetida contra los 59 oro de 1990, ofrecen varios hechos llamativos, incluyendo, sin ganar el oro, el avance mostrado por el equipo de futbol femenino dirigido por Elna Dixon, que se fajó bravamente con Costa Rica obviando la pérdida de una jugadora, antes de ser afectado por un penal empata juego y perder en la definición por penales. Este equipo fue muy distinto al que vi en la final hace cuatro años, siendo desbordado por Costa Rica. Lamentablemente en masculino, el equipo quedó fuera de las medallas, aunque eso no niega el avance registrado en esta época con Henry Duarte al timón.

Más historias que contar

La competitividad de Miguel Mena y Eisner Barberena en natación, merece un reconocimiento. En un deporte plenamente dominado por Guatemala derribando 17 marcas de estos juegos, y con su “Tiburón” Luis Martínez masticando seis medallas de oro, esta pareja de nicas se hizo notar con cuatro medallas, dos de plata y dos de bronce; otro caso sin medalla pero con mérito, es el de Frank Garth, quien elevó de 1.95 a 1.98 la marca nacional de salto alto, aunque dejando pendiente, el poder ver a un nicaragüense superando los dos metros. Se pueden ganar medallas sin mover marcas y también se puede quedar fuera de las medallas y mejorar registros. Fueron emocionantes las victorias de Becker Jarquín con 7.32 metros en salto largo y de Erick Rodríguez en los 3 mil con obstáculos, después de no haber podido imponerse en los 1,500 lisos perjudicado por una afectación próxima al dengue. Levantaron al público de las butacas.Orlando Vásquez generó impacto en levantamiento de pesas.

La atracción que provocó el baloncesto masculino llenando el nuevo Polideportivo Alexis Argüello noche tras noche, con el equipo encabezado por Bartel López estirándose hasta la final contra Panamá, que se perdió después de batallar por medio recorrido, fue algo grandioso. No se ganó el oro como en el 2010, cuando el baloncesto sobrevivió a conjuras internas para mantener vivas sus pretensiones y hacerse presente en Panamá, pero el público alcanzó niveles de excitación más allá de la plata bañada con tanto sudor producto de esa entrega con el corazón inflamado. Otro impacto, los llenos a reventar en el voleibol de playa y la medalla de oro obtenida con el esfuerzo de Danny López y Rubén Mora.

De interés: Farah Eslaquit: “Estaba cansada de ser segundo lugar”

El brillo de Cheslor

La actuación de Cheslor Cuthbert, único big leaguer en el torneo de beisbol de estos juegos, fue sensacional, fildeando como lo haría un guante de oro, bateando con poder y tacto, logrando enviar una pelota a la calle y siendo incidente para que Nicaragua, doblegando 2-1 a Panamá, avanzara invicta a la final por el oro. El brillo de Cheslor fue intenso y también la forma en que se abrió paso el equipo femenino de voleibol que dirige desde tiempos inmemoriales, René Quintana ¿y qué decir del milagro provocado por la gente del remo encabezada por los Vanegas? Desde lo alto de una escalera al cielo, el incansable dirigente de ese deporte, Gerardo Álvarez, gritaba a lo Tarzán ¡lo logramos y nos pasamos! Competidores humildes cultivados con paciencia ateniense entre dificultades, capaces de saltar hacia la grandeza en este nivel.

Las tres medallas de oro facilitadas por el pesista Orlando Vásquez hijo, dedicadas a su padre, ese pequeño titán, enviando señales para el futuro como hijo de tigre y las tres atrapadas por Silvia Artola, fueron determinantes para que este deporte restaurara parte de la incidencia agrietada, así como lo sobresaliente que fue el rendimiento de Mauro Ampié funcionando como tercer tablero en ajedrez, asegurando el oro. Sin duda, una actuación revitalizante, como las de 1986 y 1990 aunque con mejores cifras, lo que obliga a trazar urgentemente un plan de sostenimiento, siempre y cuando se pueda disponer del soporte económico y eso es grueso. Después del 86 y el 90, perdimos el ritmo y descendimos. Hay que evitar eso. De manera que el reto, ahí está.