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Hace dos semanas escribí que con un desfile de ensueños se abrían las cortinas de los Juegos Centroamericanos, apuntando que entre lo grandioso que era poder contar con estas admirables instalaciones, se esperaba que nuestros atletas respondieran elevando su rendimiento de acuerdo a las exigencias. Que esa pretensión, era un canto de esperanza.

Todas las expectativas fueron superadas. Nicaragua fue más allá en todo. Desde la organización previa pasando después por la realización hasta la cifra récord en conquista de medallas, sobresaliendo la presencia y el comportamiento del público, que logró una armonía admirable para reconocerle méritos a propios y adversarios, con un respeto llamativo.Peloteros nicaragüenses festejaron el séptimo oro en beisbol en XI JDC.

De lo serio al show

La solemnidad de la ceremonia inaugural con la presencia de Daniel y Rosario, se transformó en la clausura, abriéndole espacio a lo coloquial, lo espontáneo, la alegría desbordada después del triunfo sobre Panamá en la final del beisbol, para nosotros, un capítulo aparte en la historia de este evento. Y pensar que en ese momento, todavía se disputaba la final del individual de tenis de mesa entre el guatemalteco Héctor Gatica, ganador del oro 4-1, y el panameño Omer Avi-Tal que se adiestra en Corea.

El show de los fuegos artificiales atrapó al público que buscaba las puertas de salida, deteniéndolo, y la música encandilada de Dimensión Costeña, invitaba a quedarse y continuar en pie de guerra a los más resistentes, una vez que Enrique Armas terminó de manejar el desarrollo del improvisado desfile, informando que Nicaragua cerró con 67 medallas de oro, 87 de plata y 81 de bronce.

Volverán aquí

Todo está funcionando de la mejor manera, y eso garantiza el orden, que es algo prioritario, me había dicho hace un par de días el incansable Fidel Moreno, quien parecía tener un catre en cada instalación para tomar algunas horas de sueño entre un ajetreo enloquecedor. El equipo del Comité Olímpico que maneja Emmett con el apoyo decidido de un hombre tan importante como José Luis Huete, estuvo a la altura en todo instante, así como el aporte de largo rato ofrecido por el Instituto de Deportes dirigido por Marlon Torres.

Las quejas en lo referente a la organización fueron pequeñas, casi imperceptibles, y como decía Emmett anoche, la Policía, los voluntarios, la gente de las federaciones, demostraron ser capaces de manejar responsabilidades mayúsculas. Eso también engrandeció estos Juegos, que pienso yo, van a repetirse varias veces aquí después de esta experiencia. Cada vez que vuelvan a estar en peligro como ha ocurrido, Nicaragua va a poder levantar la mano. Por ahora, la gran satisfacción es haber podido ir más allá de lo previsto.