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Primero que todo, debemos hacer una distinción entre amor y sexo, que aparentemente se confunden. La atracción sexual es instintiva y se establece por factores selectivos igualmente instintivos en los que se incluyen antecedentes genéticos, discriminación racial, entre otros; definiéndose la preferencia cuando se trata de la unión de la pareja en forma permanente, cuando la atracción sexual es mutua.

La hembra humana siempre está predispuesta al acto sexual sin que esté limitada por circunstancias biológicas comunes en casi todas las especies, para realizar la procreación.

En la humanidad es más frecuente la promiscuidad entre las diferentes razas que se cruzan violenta o voluntariamente, obedeciendo al instinto o a la perversión, no necesariamente en forma discriminatoria, porque  el sexo es arrollador.

El amor es un sentimiento que facilita la atracción sexual y es también instintivo y privativo en ser humano. Puede derivar en otras formas, tales  como amistad, amor filial, amor maternal y paternal; susceptible de aberraciones entre las que se cuentan el Complejo de Edipo (amor por la madre), o el Complejo de Electra (la hija se enamora del padre), que se cobijan en término de incesto en forma general. También es frecuente el enamoramiento entre hermanos de diferente sexo.

La empatía
Tanto en el sexo como en el amor, además de otras relaciones humanas, se comienza por una especie de simpatía que se conoce como empatía, es decir, la primera impresión favorable o desfavorable que se recibe en el primer momento de parte de otra persona, siendo por tanto el fundamento de todas las relaciones humanas.

Para la consumación del acto sexual muchas veces no es necesario el amor como sentimiento genuino y puro, siendo entonces una mera urgencia biológica, o un simple capricho.

El deseo de posesión es activo en el hombre y pasivo en la mujer, por lo cual casi siempre es el varón quien toma la iniciativa, a pesar de en esta época moderna por la liberación femenina y la libertad amorosa, las inhibiciones debidas al pudor, al prestigio social y otras limitaciones puramente femeninas tienden a desaparecer.

Desde que el deseo o el amor, que por lo general terminan en el acto sexual, sean justos y permitidos, no transgredan  condiciones morales y lo más importante que no se trate de dominar voluntades, el pensamiento creador también  puede generar imágenes convenientes relacionadas  con el aspecto amoroso.

Con ayuda de la imaginación se pueden visualizar circunstancias en las que los objetivos amorosos complacidamente se prestan a la comunicación.

Una idea fija en la culminación exitosa del asunto amoroso, tarde que temprano se realiza contribuyendo además a superar estados de timidez frente al sexo opuesto, la resonancia de las ondas mentales emitidas por el sujeto, con más prontitud crean estados reales si la otra persona está predispuesta a la captación de las vibraciones emitidas.

TOME NOTA: Textos de estudio de PENELOPE, parapsicóloga. (Código 95703, Profesional School, Miami, FL.).

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