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La idea del más allá servía para responder a una de las preguntas básicas de la existencia: ¿qué pasa cuando morimos? La mayoría de las mitologías desarrollaron la idea de otro mundo en el que habitaban las almas de los muertos. Cada uno tenía sus propias deidades, seres oscuros que supervisaban el paso de la vida a la muerte y gobernaban a los fallecidos.

La muerte y el paso del alma al más allá ha preocupado mucho a algunas civilizaciones. Sus mitos, como los del antiguo Egipto, por ejemplo, hablan de muchos dioses que presiden los ritos funerarios, preguntan al alma sobre su vida en la Tierra y la admiten en el reino de los muertos. Los egipcios consideraban que la vida era una preparación para este proceso, mientras que los chinos creían que el más allá era en cierto sentido más real que la vida efímera y mortal de la Tierra. 

Figuras oscuras

El dios de los infiernos solía ser una figura oscura a la que los humanos temían. El dios griego Hades, a diferencia de otras deidades griegas, nunca fue representado por los artistas. Era invisible, lo que le añadía misterio. Los romanos creían que su homólogo Plutón era un rey ayudado por deidades como las Furias. Este trío de diosas supervisaba los tormentos de los que se habían comportado con maldad. 

Compañeros espantosos
Los mitos suelen hablar sobre los horripilantes ayudantes del soberano de los infiernos. La entrada de los infiernos del mundo clásico estaba vigilada por el Cancerbero, un perro de tres cabezas.

El último de los doce trabajos de Heracles fue capturar a Cancerbero. En algunas versiones, Heracles simplemente pidió permiso a Hades para llevarse a Cerbero, a lo que éste accedió siempre que Heracles no hiciera daño al perro, pero en otras versiones Heracles disparó una flecha a Hades. Tras esto, en algunas versiones Heracles luchó con el perro y lo arrastró fuera del Hades.

Por ejemplo, el rey celta de los infiernos, Arawn, tenía un séquito de demonios, y Tuoni, el soberano de los infiernos finlandeses, estaba acompañado por un grupo de horribles hijos, enfermedades y monstruos.

Muchas de las tierras de los muertos de los mitos de civilizaciones orientales están habitadas por demonios. Aunque estos mitos ayudaban a entender lo que pasaba después de la muerte, no eran muy consoladores… 

Hades
Origen: Grecia. También conocido como: El Otro Zeus, el Dios de Abajo, Plutón, Pluto. “El hermano siniestro de Zeus y Poseidón, Hades, era el soberano de los infiernos griegos, el oscuro reino al que los mortales creían que iban sus almas tras la muerte. Era un dios muy temido, famoso sobre todo por raptar a la joven que se convertiría en su consorte, Perséfone.

Hades era invisible, ya fuera porque su reino era oscuro o gracias a su casco, que hacía desaparecer a quien lo llevaba. Provocaba tanto miedo que algunos no se atrevían ni a pronunciar su nombre, y preferían frases como el Otro Zeus o solo el Señor. Se decía que no prestaba atención a las oraciones, pero su personalidad también tenía un aspecto positivo, expresado por otro grupo de nombres, como Plutón (riqueza) y Plixeinos (anfitrión de muchos). Bajo este aspecto era venerado junto a Perséfone.

Hel
Origen: Nórdico. “La diosa nórdica Hel era la soberana de los infiernos, una zona (también llamada Hel) cerca de la raíz del árbol del mundo, Yggdrasil, en la región cósmica de Niflheim. La mitad superior de su cuerpo tenia buen color y estaba viva, pero la mitad inferior era negra y difícil de ver en la oscuridad en la que vivía.

Hel, hija de Lola y la giganta Angrboda, era una temible figura, pero también una diosa triste, condenada por el dios Odín a gobernar su oscuro reino. Los nombres de su hogar y sus diversas posesiones dan una idea sobre su carácter infeliz. Su palacio se llamaba Eliudnir (humedad), y las puertas, Fallanda Forad (escollo). En su mesa se hallaba el plato Hungr (hambre) y el cuchillo Sultr (escasez), y su cama se llamaba Kör (lecho enfermo). Todos los que morían por enfermedad o vejez debían atravesar una de las puertas fortificadas de su reino, que está considerado como oscuro y frio.

Allí están condenados a esperar en compañía de la diosa hasta que Loki llegase para pedirle a su hija que se uniera a él en la batalla final de Ragnarok, la que llevará al fin del mundo.

 

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