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Las creencias religiosas en el mundo varían según el país, costumbres, raíces culturales, pero sobre todo, por el fervor con que cada persona vive y siente devoción hacia un ser supremo, tal como lo viven más de 10 millones de taiwaneses en la celebración más importante de su país y el tercero del mundo, con el natalicio de Mazu, Diosa del Mar o Reina de los Cielos, celebrado entre los meses de marzo y abril.

La adoración a la Diosa más venerada de Taiwan y propuesta de Creencia Religiosa como Patrimonio Cultural Intangible ante la Organización para la Educacion, Ciencia y Cultura de las Naciones Unidas, Unesco, consiste en una peregrinación que dura nueve días y ocho noches, marcados por el tercer mes del calendario lunar, ante el inicio del Año Nuevo Chino.

Según cuentan los fieles devotos de la venerada Diosa de Taiwan, país que visité ante este magno peregrinaje para el aporte enriquecedor de este reportaje de intercambio cultural, Mazu es el espíritu deificado de una mujer joven que se llamaba Lin Mon Niang, a quien se le reconocían poderes supernaturales a los 16 años.

Se dice que la Diosa del Mar nació en el año 960, y se crió en la isla Meizhou, ubicada en la costa de la provincia de Fukie de China Continental, quien además ascendió al cielo a los 28 años.

Peregrinaje dirigido por Mazu
Dentro de la cultura taiwanesa se maneja que la única que puede aprobar el día y fecha exacta de la celebración es la misma diosa, después que los custodios del templo de Jenn Lann arrojan al aire y dejan caer sobre el suelo dos medialunas de madera, en busca de una respuesta de la deidad que según como caigan estas significan un sí o no.

Quizás para muchos hablar de dioses es hablar de una religión específica, lo cierto es que dentro de esta gran peregrinación masiva que alberga a millones de taiwaneses, y a un total de 200 millones alrededor del mundo, entre los que incluye a los de China Continental, chinos considerados étnicos tales como los de Vietnam, Malasia, Estados Unidos y Australia, no tiene distingo de congregación religiosa alguna, dentro del festejo solemne.

Católicos, evangélicos, mormones, hinduistas, entre otros, pueden formar parte de la devoción a la Diosa Mazu, que brinda paz, seguridad y la unión a los fieles, principales motivos de oración por el que acuden.

Vivir de cerca el Festival Internacional de Mazu, deja entrever el ejemplo de idiosincrasia y unión masiva que no distingue hospitalidad y creencias fervientes entre países y religiones del mundo, mucho menos posiciones sociales o de índole económica, dado que sus poderes súper naturales de favores y bendiciones pueden llegarle a cualquiera siempre y cuando así lo desee.

Un recorrido solemne con tradición
El templo de Jenn Lann, ubicado en la ciudad de Taichung y las calles del distrito Dajia fue el punto que albergó a un millón de peregrinos que inició su recorrido pasada la medianoche, quienes año con año se preparan para ofrecer un recorrido solemne.

La pirotecnia anuncia el inicio de la peregrinación así como también define el camino que atraviesa la Diosa sobre un palanquín, cargado por ocho guardas de honor, cuatro a cada lado, al tiempo que los habitantes del lugar festejan con ofrendas comestibles y oraciones, queman incienso y dinero de papel, como parte del desprendimiento material que viven ante el paso de la Reina de los Cielos.

La algarabía artística de las danzas culturales y el sonar de los tambores propios de la cultura taiwanés de las diferentes escuelas que pagan favores a la deidad con su talento, hace más enriquecedor el paso de quien sigue la peregrinación sin descanso pagando sus promesas. Jóvenes de diversas escuelas son los encargados de hacer retumbar la tradición al compás de los tambores.

Caminar de espalda, ir en bicicleta, arrodillarse al suelo como formando una alfombra humana para que el palanquín pase por encima de sus cuerpos son algunas de las promesas que suelen realizar los taiwaneses que acompañan la procesión de principio a fin.

Pese al frío de la medianoche y de la mañana siguiente que envolvió a la ciudad de Daji, este año acompañada de brisa persistente no impidió el fervor de los promesantes de caminar de rodillas e ir con los pies descubiertos.

Si la condición es no dormir para disfrutar de los poderes que Mazu desborda sobre todos sus visitantes, la regla de los grupos que se hacen acompañar de banderines para distinguirse unos de otros, con panderetas e incienso, es descansar durante el día y cargar una mochila con lo necesario para aguantar el recorrido.

Los banderines consisten en una pieza triangular de tela bordada, ligada a una vara que lleva en la punta una pequeña campana y un talismán de papel del templo. La bandera simboliza la protección que brinda Mazu al portador durante la peregrinación.

Las banderas se pasan por el humo de los incensarios de otros templos a lo largo de la ruta antes de llegar al Templo Fongtian, de Xingang.

El orden marca el respeto que los taiwaneses profesan a Mazu, así como el silencio y la disciplina de mantener siempre en alto los banderines que los identificó peregrinos, tambores danzantes y carrozas alusivas al mismo siempre van adelante.

El papel de la gastronomía
Los locales ofrecen alimentos, es su creencia de que cuánta más comida consumen los peregrinos, más bendiciones recibirá el que la da.

Aquellos que suministran alimentos creen que la acumulación de esas bendiciones puede rendir beneficio luego en la forma de la realización de deseos personales o una mejora en el estado financiero.

La veneración en los templos

Los más de 800 templos que posee Taiwan, en honor a la Diosa Mazu, se visten de gala para recibir a los fieles seguidores como lo hizo el templo anfitrión, de Jenn Lann del distrito Daji de la ciudad de Taichung de donde partió la travesía religiosa.

El templo es símbolo de respeto para quien llega en busca de consultas, tirar las medialunas y orar por la seguridad, después de quemar el incienso, simboliza la purificación del alma.

En distintos espacios del templo se pueden apreciar cuatro réplicas de la Diosa, de grandes tamaños, pero cada una elaborada en distintos materiales como oro, jadeína, jade y madera.

La majestuosidad de estos templos son de impresionante belleza estructural, y detalles minuciosos en color oro, que sobresalen desde su exterior hasta lo más ínfimo de sus espacios internos. El dragón símbolo de la cultura occidental forma parte de los complementos decorativos por la fuerza que este alberga.

Reseña de Mazu
La adoración a la Diosa, uno de los eventos más grandes de la isla asiática, inició a principios del siglo XV, cuando un grupo de emigrantes comenzaron a llegar a la isla, según documentos proporcionado durante el Festival de Mazu.

La estatua que se ha nombrado, Mazu de Dajia, fue llevada de Fukien al distrito de Dajia de la ciudad de Taichung en el año 1730.

Sin embargo, la peregrinación inició en el siglo XVIII, justo cuando los devotos comenzaron a llevar la deidad al templo de Jenn Lann, pueblo natal de Mazu. En aquel entonces, el viaje se realizaba cada 12 años en comparación con la actualidad que es un festejo anual.

Más de 200 años tiene la perigrinación que data desde el siglo XVII, y que hoy ya es una tradición que arrastra a millones que han transcendido su fe de generación en generación, y en otros, por los favores que han recibido con éxito.
Patrimonio intangible

La propuesta Creencia Religiosa como Patrimonio Cultural Intangible ante la Unesco fue aprobada a inicio de 2009. La adoración y las costumbres relacionadas a Mazu han sido reconocidas por las respectivas comunidades asiáticas como un símbolo de su identidad y continuidad.