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Todo lo que habita en la tierra es un todo, la familia, la comunidad, etc. Lo que nosotros hagamos a modo individual impacta en las vivencias de los demás, a pesar de ser cada uno distinto; sin embargo las formas de pensar, actuar y hablar exagerado ya sea positivo o negativo salpican en el camino hacia la felicidad.

El ABC son tres letras fundamentales que forman parte de las iniciales de tres grandes filósofos y sabios de la historia del Medio Oriente, como Aristóteles, Buda y Confucio, que por años han transcendido con sus enseñanzas de “un todo” sobre la felicidad a nivel mundial.

¿Quién es ese que no quiere llegar a obtener la felicidad divina? Definitivamente no hay quien se resista a ella, se cuestionó Elizabeth Lozano, experta en Filosofía Práctica y Directora de Nueva Acrópolis. En base a ese anhelo de felicidad los tres filósofos buscan la manera de guiar a los seres humanos a través de esos principios fusionados en un ABC, resaltó.

Aristóteles, Buda y Confucio con sus enseñanzas pretendían guiar a las personas a vivir en sociedad, promover el desapego y la armonía que debe iniciarse desde el yo interno, para luego expandirla al resto con actitud positiva, inspiradora, para llevar una buena vida, que es el cometido de la felicidad, explicó Lozano.

Según la experta, las personas deben saber que han venido al mundo a vivir una vida buena, algo en lo que están inspirados los derechos humanos y no para venir a sufrir como muchos creen, y por tal motivo se detienen y estancan inhibiéndose en el concepto de felicidad.

Es importante aclarar que la felicidad no está en los placeres y cosas materiales, pues el placer es momentáneo.

Lo material es un bien que te da alegría de momento y si bien es cierto, este puede aliviar muchas cosas o hacernos la vida más fácil, pero no representa la felicidad, por el contrario en ocasiones puede atraer un sinnúmeros de preocupaciones, agregó la especialista en Filosofía Práctica.

 

Etapas para alcanzar la felicidad

El A de Aristóteles

Este filósofo aconseja practicar y promover las virtudes y valores, porque según él las buenas costumbres llevan a la felicidad, y por ende las malas a la infelicidad, tanto individual como social, señaló Lozano. Aristóteles decía que la felicidad individual no la podemos basar en la infelicidad de otro, ni en las desgracias ajenas, sino más bien invita a encontrar nuestra vía de realización, añadió.

Lo que nos hará sentir realizados en plano de la felicidad, lamentablemente no siempre está relacionado con el trabajo, dado que muchas veces es fuente de estrés y preocupaciones, afirmó la filósofa.

Además subraya que las teorías de Aristóteles apuntan en que cada uno de nosotros debemos buscar y ver cuál es nuestra vocación para hacerlo y practicarlo en la justa medida, sin abusar en los excesos, pues la felicidad de Aristóteles está en el equilibrio del todo.

La B es de Buda

Este gran sabio del Medio Oriente invita a practicar el desapego como vía para superar el sufrimiento, mismo que parte cuando se desconoce la naturaleza de las cosas, cuando pretendemos retener algo cuya naturaleza es fluir.

Aquí el camino es claro, pues advierte que no hay que tomar por eternas las cosas que son pasajeras, la cual se hace emblemática en una de sus citas celebres: “Toda realización humana está en tu interior. Todo mundo puede alcanzar su realización a través de la compasión y de la serenidad”.

La C, de Confucio:

Él dice que el camino a la felicidad no lo podemos alcanzar de manera aislada, pues el ser humano por naturaleza es sociable, y por tanto, debemos tratar con los demás, al punto de lograr una armonía que parte de la interior, es a través de la ética, la conciencia que se encarga de armonizar a los individuos explicó la experta en Filosofía Práctica.

El camino es fácil, refirió Lozano: “Cuando una persona se armoniza, naturalmente inspira armonía a los que están a su alrededor. Por ejemplo, un individuo lleno de positivismo es lo que transmitirá en su diario vivir, energía de la buena, que trasciende más allá del plano laboral.

Es decir, si nuestras familias están bien, tendremos buenas sociedades pero si están mal, serán el reflejo de nuestra sociedad, la cual no es más que una agrupación de individuos, advirtió la especialista.

Una de las frases inspiradoras de Confucio hacia la felicidad, es que “la fortaleza de un país proviene de la integridad del hogar y la debilidad de un país de la desintegración de sus hogares”.

Créditos:

Elizabeth Lozano, experta en Filosofía Práctica y directora de Nueva Acrópolis. Para contacto: 2277-1193.